Publicado en Para ti

Gaznápiro

Josefo Anselmo Pérez Tieso, hijo mayor de don Anselmo, conocido por familiares y amigos como Chiqui, acaba de conseguir su segundo Máster, igual que el anterior y el grado correspondiente no fueron nada fáciles de obtener, muchas reuniones, muchas ayudas “voluntarias”, el dinero circulando como el agua por el Ebro, todo eso y la amistad personal con algunos rectores, decanos y profesores asociados, fueron necesarios para que Chiqui completase un currículo académico adecuado a su posición social y económica.

Su padre quería mantener a flote sus empresas, así que no podía dejar que su retoño participara en su gestión. Una forma elegante de deshacerse de él era dotarle de los títulos suficientes para que pudiese prosperar en política, era lo único que le faltaba, ya que desde pequeño no tenía problemas en decir una cosa y hacer la contraria, al tiempo que podía convencerte de que lo hacía por tu bien. Siempre se juntaba con quién le iba a dejar los juguetes que deseaba, cambiaba de amigos en función de lo que podía obtener de ellos en cada momento, pero lo hacía de forma que parecía que lo hacía forzado por las circunstancias externas, guiado por algo más alto que sus propios intereses.

Con toda esa experiencia, su aspecto atractivo y su verbo fácil, consiguió ascender en el partido lo suficiente para vivir cómodamente, con bastante lujo, sin hacer nada.

La experiencia en los distintos cargos que obtuvo le sirvieron para ser consciente de la importancia de las alianzas y tener personas de confianza que le hicieran el trabajo, no por pereza, sino por no dejar al descubierto su ineptitud total.

Como es normal, no todo fue un camino de rosas, tuvo sus dificultades, hasta perdió su puesto y tuvieron que hacerle uno específico para él, tenían que agradecerle muchos favores.

Aprovechó el tiempo sin ninguna tarea específica en su cargo para simplificar su ideario, con tres o cuatro mensajes directos y sencillos era más que suficiente para llegar al elector medio.

También mejoró su aspecto físico y su red de amistades. Su día a día consistía en tomar café con unos y con otros, gimnasio, comidas con colegas, copitas de sobremesa, gimnasio, cenas y marcha nocturna sin límites.

Entre copa y copa, entre raya y raya, mientras fumaba, iba trabando alianzas, “amistades” de futuro, gente dispuesta a lo que fuera para mantener lujos y un ritmo de vida frenético.

Gracias a todas estas actividades no tuvo problema cuando llegó el cese. En el fatídico momento en que sus valedores fueron pillados in fraganti y depuestos de sus cargos, sabía que tenía que cambiar de rumbo, poner en práctica todo lo que había aprendido y volar solo.

Sabía que nunca debía reconocer un error, que había que echar la culpa a las víctimas (porque tenían mucho más difícil defenderse), que debía mantener y fomentar los estereotipos más trasnochados y anticuados del país como algo único, como un elemento unificador de la nación, esa era la clave, no proponer nada útil, simplemente decir que con ellos todo se resolvería, mientras que con los adversarios (a partir de ese momento, enemigos) todo sería un desastre. No podía dejar de apelar a lo más visceral, al miedo y al odio, para conseguir anular el pensamiento racional, algo imprescindible para su ascenso.

A pesar del importante apoyo económico y mediático que recibió desde el principio, le costó conseguir el éxito, pero no desfalleció, conocía a sus antiguos compañeros, les adelantaría con sus armas, argumentos falaces, mentiras repetidas hasta el infinito que se volvían verdades para la mayor parte de sus simpatizantes.

Pero tuvo que ocurrir lo inesperado, que otros grupos perdieran su tradicional sentido común, que pidieran lo imposible, para que el temor a esas peticiones, a la pérdida de un pasado añorado e irreal, ganara terreno entre el electorado de todas las ideologías.

Era su momento y supo aprovecharlo, con recetas fáciles, sembrando rencor y miedo, consiguió excelentes resultados.

Antes de su victoria tuvo una significativa charla con su padre:

  • Hijo, debo confesarte que estaba muy equivocado contigo, siempre pensé que eras torpe, simple, bobo, un gaznápiro. Pero me has demostrado que eres más inteligente que la mayoría de los líderes políticos.
  • Gracias, padre, siempre he sabido que mi cerebro no era mi punto fuerte, ni todas esas mariconerías culturales, pero la chulería, la fuerza, el aspecto físico y los medios de comunicación hacen mucho. Mis cojones han podido más que todos esos intelectuales. Ellos sí que son eso que tú has dicho, pero sobre todo, los votantes, esos pobres que se creen todo. Sea lo sea esa palabra rara que has dicho, es más adecuada para todos ellos: gaznápiros

 

Poco tiempo después Chiqui pasó a encabezar el gobierno… ¿O no?

Este relato forma parte del libro ¡Es para ti! de Ángel Miguel Bermúdez Hernández, disponible en Amazon

Autor:

Soy un aprendiz de muchas cosas, sobre todo, de cómo mejorar como ser humano. Espero compartir ese camino de aprendizaje con otras personas, esperando que la comunicación nos ayude a todos en nuestro particular camino. Fomentar un estilo de pensamiento positivo, desde el amor, que desarrolle nuestra creatividad. No hace falta ser un artista para expresarse, como bien puede verse en mis dibujos. Lo importante es como nos sentimos y nuestro desarrollo interior, que se multiplica cuando ejercemos la creatividad en cualquiera de sus aspectos (literatura, pintura, música, etc.) http://www.mylibreto.com/libros/es_luz-y-vida-angel-miguel-bermudez-hernanez-novela-amor.html

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