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Una pequeña historia

Una sensación densa y pesada, lo atrapó.
Olvidó todo lo que tenía planeado, su esencia y su finalidad.
Surgió como un libro en blanco, aunque las líneas maestras de su vida ya estaban escritas.
A su lado y alrededor suyo, veían cómo la estructura física del techo caía sobre su emergente cabecita.
El cambio al mundo material siempre era “milagroso”.
Al nacer lloró mucho, pues extrañaba su mundo, su esencia, a pesar de saber que era necesario, no quería olvidar de dónde venía. En el otro lado era feliz, ahora …


Se relacionaba bien con todos, aunque de una forma diferente a los demás, aparentemente más superficial, pero con un nivel de conciencia único, que atemorizaba a algunos y calmaba a otros.
Ni él mismo se entendía. ¡Era tan diferente a todos! No le atraían las travesuras, ni los juegos violentos, nunca fue capaz de lanzar una piedra contra un animal ni de pelearse con nadie, se sentía extraño, como si no fuera de este mundo.
Necesitaba el contacto con los demás, tanto como la soledad. Pero lo que más ansiaba era el afecto, las muestras de cariño, tan escasas en los hábitos familiares. Siempre echaría de menos esas caricias, esos abrazos, esos besos que nunca tuvo.
Andar por los campos, la música y el baile eran sus mayores entretenimientos, lo que le hacía sentirse feliz y crecer. Más tarde, cuando aprendió a leer, descubrió los mundos de la imaginación y del arte, a través de la lectura. Devoraba todo lo que caía en sus manos, libros de todo tipo, para todas las edades, vivía las narraciones en primera persona, creando un mundo propio muy diferente al que sus sentidos apreciaban, pero quizás no tanto de la realidad como se podía imaginar.


Su alma se dividía en dos con los gorriones, disfrutaba viéndolos por su casa, jugando con ellos, pero sufría lo indecible cuando les cortaban las alas para que no escaparan, era peor que si se las hubieran cortado a él. Cuando alguno se marchaba lo añoraba, pero se sentía feliz imaginándolo libre por los campos, con su familia, volando por el cielo. Otros desaparecían y nadie le contaba donde habían ido, sentía entonces el dolor por la pérdida, un sentimiento que lo acompañaría buena parte de su camino en esta Tierra.


A pesar de todo el universo de experiencias y sentimientos que bullía en su interior, aparentaba una calma y tranquilidad contagiosas. Pocos llegaron a entender que lo que emanaba de él era su esencia, su poder, pero que en su interior la actividad era brutal.


Físicamente era como cualquier otro chico, sin ninguna característica especial, pero su mirada … Sus ojos dejaban traslucir la profundidad de su alma, nadie entendía lo que transmitían, pero a todos atraían, a nadie dejaban indiferentes sus ojos azules, con tonalidades cambiantes, de mirada profunda, eran una ventana a otros mundos.


En la edad que su consciencia más avanzaba, cuando empezaba a ver el mundo de otra forma, justo entonces lo arrancaron de su entorno, dejó atrás su primera infancia, junto a todo lo que conocía. Muy a su pesar, inició una etapa de introspección, impuesta por la soledad que lo acompañaba en su nueva vida. Esta etapa dejaría heridas en su corazón que difícilmente sanarían, pero también le abrirían la puerta a nuevos mundos, a una realidad más profunda, alejada de las apariencias, ligada a la esencia de las cosas, del Universo.
Al tiempo que el sufrimiento lo constreñía, su cuerpo físico sufría las consecuencias en forma de enfermedad, con la gravedad justa para no causar daños, pero suficiente para obligarlo a cuidar su cuerpo y cambiar algunos hábitos. Otro paso más en su destino.


En otra época de la historia de la humanidad quizás hubiera proclamado su verdad, creado una nueva religión, una nueva ideología. Pero ya había demasiadas, más ideas que sentimientos, más iglesias que fe, más discursos que hechos. Los fariseos se habían apropiado del legado del Enviado, las extrañas creencias del mundo oriental comenzaban a extenderse por doquier, la diversidad y la igualdad arraigaban en el subconsciente colectivo. La humanidad seguía su propio camino.


Mientras, él crecía esperando señales, un pequeño “milagro” que lo ayudara, que aclarase sus ideas, sus sentimientos, que desencadenase el cambio. Pasarían muchos, muchos años, antes de que se diera cuenta que todo, absolutamente todo, es un milagro, un indicio para guiarnos en nuestro camino.


Primero aprendió a soñar, mucho más tarde empezó a luchar por sus sueños, para al final del camino darse cuenta de que aceptar la realidad es el principio del sueño, cambiarse a uno mismo es el mayor sueño hecho real.


Nuevos cambios en su vida le hacían sufrir, pero también le ayudaban a aceptar la realidad cambiante, el principio de impermanencia, al mismo tiempo que desarrollaba su desapego a las cosas materiales, no así de las personas y otros seres vivos, en ese sendero se quedaría a medio camino.


Su gran sensibilidad y su enorme fuerza de voluntad le ayudaron a conectar, aunque solo fuera esporádicamente, con la Energía Universal. Una conexión que le ayudaría a entender que todos somos Uno, que además de estar hechos de la misma energía estamos conectados, como las gotas que se elevan del océano, cuerpos individuales, aunque formando parte del todo llamado océano, una comprensión intelectual que no sería suficiente para alejar su sentimiento de separatidad, de soledad, pues estaba más próximo a los seres inmateriales que a las personas que tenía a su alrededor.


Seducido por la vida, el mensaje y ejemplo de Jesús de Nazaret primero, luego por Siddhartha, más tarde por la de otros grandes Maestros Ascendidos, sufrió por el abandono de sus enseñanzas de los que se decían sus seguidores, por la manipulación del mensaje, por la utilización de sus figuras en provecho propio. Un sufrimiento que se amortiguó al aceptar que ninguno quería imponer sus enseñanzas, que cada uno tiene su propio camino, que aceptarse a uno mismo era el primer paso para mejorar, para ser capaz de escuchar al corazón y seguir la senda que creemos correcta, porque esa vía es la que nos permite crecer, aunque pensemos que nos equivocamos, que no avanzamos, nuestra actitud ante las dificultades es lo que nos hace elevarnos.


En el momento que ocurría algo era doloroso, incomprensible, pero las experiencias que vivía, las personas que conocía le iban aportando lo que necesitaba en cada momento. Mucho más tarde, en el momento justo, empezaría a comprender que todo había ocurrido por algo, para hacerle como era, para ayudarle en su plan para esta vida, eran pruebas para superar sus, supuestas, limitaciones.
A pesar de los continuos cambios de colegio no tuvo problemas en ninguno, ciertamente tampoco hizo amigos, pero nadie se metía con él, tenía un aura protectora que lo hacía invisible a los matones del colegio. No era su misión aprender a pelear, ni a defenderse, estaba en este mundo por otros motivos.


Inspirado en las películas y en los libros que leía, su imaginación creaba sus propios mundos, sus aventuras inventadas, aunque en ellas era el protagonista, el salvador de la chica y de los más desfavorecidos, se sentía más identificado con los personajes secundarios, el fiel amigo del protagonista que se sacrifica por el bien de todos, perdiendo lo más querido, incluso la vida, en el camino.


Y llegó la adolescencia, con sus complejos, sus cambios de humor, sus alteraciones hormonales, … El sufrimiento interno que experimentó condicionó su futuro, su objetivo sería ayudar a los adolescentes a transitar lo mejor posible por ese periodo tan convulso de sus vidas.


Sin embargo él no hizo las locuras que suelen hacer los jóvenes, como en su vida anterior, lo experimentaba todo en su interior, las frustraciones, la rabia, el amor y el desamor. Vivía para sus estudios y sus ensoñaciones. Tardaría mucho tiempo en aprender a luchar por sus sueños, luego empleó gran parte de su vida en comprender que lo que vivía era un sueño, que la vida debía experimentarla intensamente, aprendiendo, evolucionando, desarrollando lo mejor de sí mismo, cumpliendo su plan de vida. Pero eso sería casi al final, todavía le quedaba mucho por aprender.


Sin ser consciente, transmitía pasión por todo lo que hacía, equilibrio, calma,… Ayudaba a muchos de forma voluntaria e involuntaria, su forma de ser, su presencia tranquilizaba, sus puntos de vista ayudaban a los demás a reflexionar y encontrar los suyos propios.


Sus inseguridades y su temor por defraudar o dañar a los demás lo mantuvieron solo durante décadas, a pesar de haber encontrado a mujeres excepcionales, no supo o no pudo dar el paso necesario para iniciar un viaje en común.
El recuerdo y el amor por esas personas nunca lo abandonó. Pero no fue hasta que evolucionó lo suficiente para sentirse bien consigo mismo, el tiempo en que aceptó la soledad, que encontró pareja, una mujer sensible, muy especial, alguien que le aportaría varias cosas importantes, pero sobre todo, la que le ofreció nuevas oportunidades de aprendizajes, con frecuencia difíciles, pero necesarios en el camino que había elegido.
Por medio de ella llegó el ser que le haría experimentar un amor puro y profundo, como nunca había experimentado, un hijo que amaría incondicionalmente y que le haría disfrutar y avanzar extraordinariamente en su camino.


Cuando menos lo esperaba llegó el dolor, no solo el de su alma, por los seres queridos o por su soledad, también el dolor físico permanente, una experiencia inevitable para comprender tantas cosas, para prepararse para el siguiente cambio.


Aunque aún le faltaba una cosa, perdonarse, como expresión de amor, necesitaba perdonar, algo que siempre le había resultado fácil respecto a los demás, pero que nunca había ejercido sobre sus errores, le dolía y le avergonzaba cualquier cosa que hubiera causado, directa o indirectamente, daño a otro ser. Tampoco se perdonaba no haber sido capaz de amar más, de vivir más intensamente la vida.


Todo tiene su momento, todo llega en el momento justo. Cuando dejó que su amor se extendiera a todos, incluido él mismo, fue entonces cuando pudo perdonarse.


Parecía haber alcanzado parte de su objetivo, le quedaba mucho por mejorar de sí mismo, aunque veía difícil alcanzar ese objetivo en esta vida. Ya no se sentía útil, ya no se sentía necesario, pensaba que su misión había acabado.


Le llegó como una inspiración, tenía que hacer algo más, no sabía por qué, no entendía de qué podía servir a nadie, pero debía transmitir este mensaje, dar ejemplo en su partida.
Así lo hizo, de modo que organizó todo para que este escrito llegara a ti en el momento adecuado.


Vivió con amor, se marchó con amor. Este es el verdadero mensaje, todo lo escrito, todo lo dicho, los pensamientos, los sentimientos, absolutamente todo, son cosas secundarias, lo único importante es actuar con amor en cada momento, hacer realidad ese sentimiento, vivir desde el amor, en el amor, por todos.



Autor:

Soy un aprendiz de muchas cosas, sobre todo, de cómo mejorar como ser humano. Espero compartir ese camino de aprendizaje con otras personas, esperando que la comunicación nos ayude a todos en nuestro particular camino. Fomentar un estilo de pensamiento positivo, desde el amor, que desarrolle nuestra creatividad. No hace falta ser un artista para expresarse, como bien puede verse en mis dibujos. Lo importante es como nos sentimos y nuestro desarrollo interior, que se multiplica cuando ejercemos la creatividad en cualquiera de sus aspectos (literatura, pintura, música, etc.) http://www.mylibreto.com/libros/es_luz-y-vida-angel-miguel-bermudez-hernanez-novela-amor.html

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