Publicado en Para ti, Principal, Retos, Sentimientos

Cuatro palabras

Es la magia de las palabras, una sola puede decir mucho, toda una historia detrás, una gran cantidad de emociones y sentimientos asociados a un solo vocablo. Tan maravilloso como difícil descifrar para el que no posee el código, para el que no conoce todo lo que hay detrás de cada término.

Si uno conoce las aventuras, las desventuras, toda la emoción y pasión detrás de una sola palabra, algo difícil, pues harían falta libros enteros para explicar solo uno de esos términos, pero entonces, y solo entonces, bastarían cuatro palabras para describir toda una época de la vida. Tal como lo siento hoy, podría ser algo así:

 

Infancia:

MAMÁ              JUEGO                   HOGAR              INOCENCIA

 

Juventud:

PASIÓN           AMIGOS               SUEÑOS           DIVERSIÓN

 

Madurez:

AMOR             FAMILIA                 METAS             REALIDAD

 

Vejez:

VIDA                CAMINO                 PAZ                  SOLEDAD

 

Fin:

CAMBIO         RENOVACIÓN       INCERTIDUMBRE      LUZ

 

 

Ángel Miguel
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A mi padre

Te fuiste antes de partir.

Mirada perdida, corazón palpitante.

Aunque nos olvidaste, fue por un instante,

nunca dejaste de sentir.

Vida intensa, apasionada.

Lucha continua, puro nervio.

Lo primero, tu familia amada,

aunque con errores y genio.

Nos queda el brillo de tu mirada

llena de amor por tu mujer amada,

por tus hijos, por tus nietos.

Tu vida honesta y sincera,

lejos de todo engaño,

aunque, al final, nos ocultaste el daño,

no quisistes vernos sufrir.

No pienso en ello como un engaño,

más bien el gran gesto

de ese amor paterno tan bien guardado,

de esa alma noble que nos dio el vivir.

 

Ángel Miguel

 

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Mientras dure la vida

Vivimos inconscientemente. Sabemos que tenemos los días contados, pero nos perdemos en asuntos sin importancia, en las cosas, sin caer en la cuenta que el tiempo se nos acaba.

La marcha de un conocido o de un ser querido puede recordarnos la brevedad de la vida y la importancia de disfrutarla. Pero suele ser una intención de corta duración, pronto volvemos a la rutina, a las costumbres habituales, seguimos jugando a matar el tiempo, hasta que el tiempo nos mate.

No hay palabras mágicas, no hay milagros, solo el tiempo que se nos escapa entre las manos.

¿Qué hacemos durante ese tiempo? ¿Avanzamos o retrocedemos? ¿Mejoramos nuestras capacidades? ¿Ayudamos al planeta o solo existe nuestro planeta personal? Y, por último, ¿cuánto amor hemos dado? ¿hemos estado suficientemente abiertos para recibir amor?

Al que le resulte interesante puede pensar en el más allá, creer o no creer, yo también tengo mis ideas al respecto (llenas de dudas, por cierto), pero lo imperdonable es no VIVIR, mantenerse a la espera de un momento mejor, quedarse en una queja perpetua.

Puede ser muy duro conocer la llegada inminente del fin, pero mientras dure la vida hay amor, amor para dar y para recibir. Lo único que le da sentido a todo esto, los únicos recuerdos importantes son los de todas las cosas que se hicieron, o no se hicieron, por amor.

Duelen las despedidas, pero reconforta el cariño dado y recibido, la huella de su legado.

Mientras me dure la vida y siempre, gracias por tu amor.

Ángel Miguel
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Experiencias por vivir

No poseemos nada, ni objetos ni animales, ni personas; si acaso tenemos el miedo a perderlos.

Ni tan siquiera somos dueños de nuestros cuerpos, al igual que todo lo demás, lo utilizamos durante un tiempo limitado.

¿Qué somos? ¿Qué nos queda?

Preguntas difíciles de responder, cualquier respuesta es incompleta, parcial, con errores.

Más allá de lo material está la energía, están las experiencias.

Creo que lo que da sentido a la vida es vivirla, pasar por las distintas experiencias por la que nos conduce.

Con frecuencia no nos gusta lo que nos ofrece, querríamos otras cosas. Quizás por nuestras limitaciones o por desconocimiento.

Suele pasar que obtenemos las experiencias que necesitamos, no las que nos gustarían.

Pero también vivimos experiencias necesarias, que nos ayudan a aprender y ser mejores, experiencias que disfrutamos y deseamos.

Mis mejores experiencias tienen mucho que ver con la naturaleza y con las personas, pero sobre todo con el amor, correspondido o no, de todas las formas posibles.

Todas las experiencias por las que he pasado han sido muy importantes para mí, pero una es especial, por lo vivido hasta ahora y porque mantiene mi ilusión en las experiencias por vivir.

En mi caso es todo lo relacionado con alguien muy especial, una persona a la que admiro y amo profundamente, un ser cariñoso, inocente, inteligente, bondadoso, excepcional, … él le da sentido a mi vida, especialmente cada vez que me dice: te quiero papá.

Ángel Miguel

 

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Cuando el amor no basta

A pesar de todo, hay situaciones en las que el amor no es suficiente.

Hay personas que se centran en un determinado tipo de amor o de una persona en concreto, hasta el punto de cerrarse a otras formas de amor, a otras personas. Puede ser que mantener una actitud amorosa durante meses y años ayude a esa persona, pero no siempre se muestran los beneficios del amor, si nos empeñamos en no aceptar el amor, entonces no es suficiente, no puede hacernos sentir mejor, no nos ayuda a ser mejores.

Otras veces una persona se siente tan herida, teme tanto volver a sufrir, que se cierra en su mundo, se vuelve refractaria a todo, también al amor. En algunos casos la perseverancia, las muestras de amor constantes y duraderas pueden derribar esas barreras, pero hay veces que el miedo y el dolor vencen, aunque sea por un tiempo, mientras dure esa situación el amor no basta.

En algunas situaciones podemos pensar que la convivencia o la rutina puede erosionar el amor, frustrar una relación o acabar con ella. Yo creo que lo que suele ocurrir es que nos distraemos con las ocupaciones diarias, los pequeños o grandes problemas nos hacen olvidar el amor, dejamos de expresarlo, de manifestarlo en cada uno de nuestros actos. Me parece que cuando el amor queda como un sentimiento sublime, expresado en situaciones concretas, en momentos espaciados en el tiempo, termina por no ser suficiente, quizás porque está limitado, minimizado.

Hay más situaciones en las que el amor no basta, creo que se puede resumir diciendo que el amor no es suficiente si estamos cerrados a él, si no lo expresamos suficientemente, si no vivimos desde el amor.

Desconozco la solución, no sé que se puede hacer cuando el amor no basta.

Personalmente intento no dejar de tratar con amor a los demás ni a mi mismo, aunque a algunas personas no les baste, aunque no sea suficiente para disfrutar de todos sus beneficios, de la plenitud de la vida, no puedo, no quiero dejar de amar, a pesar de todo, es la última esperanza.

Dibujo de Ángel Miguel

 

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Mi regalo de Navidad

Soy un ser realmente afortunado, la vida me ha hecho muchos e importantes regalos, la salud, un buen trabajo, la capacidad de pensar, de expresarme, un hogar, etc.

Pero sin duda el regalo más importante es la gente, las relaciones humanas, familia, amigos, compañeros, conocidos, …

Muchas personas me han aportado mucho, algunas las he tenido en mi vida más tiempo, otras menos, cada una a su manera, todas importantes.

Aunque siempre hay algunas más próximas al corazón, algunas personas que me han conectado con el mundo, seres maravillosos con los que me he comunicado fácilmente, con un entendimiento mutuo enriquecedor, afectuoso.

Hay unas pocas personas con las que ha habido una conexión especial, única, que me ha hecho sentir en paz con el mundo, que me ha ayudado tanto,…

Todo en esta vida cambia, también las relaciones. Todo tiene su momento y cada tiempo tiene sus experiencias distintas. Pero no puedo dejar de agradecer todo lo que me han aportado esas personas.

Me hubiera gustado que algunas permanecieran más tiempo, haber sabido tratarlas mejor o disfrutar con mayor plenitud de la experiencia. En cualquier caso, muchas gracias a todas, le dáis sentido a mi vida.

Mi mejor regalo de Navidad sería seguir disfrutando de esas personas que me quieren, de todos los que tanto quiero, volver a sentir esa conexión especial, íntima y personal con algunos seres, reparar errores y mejorar la comunicación, el trato, seguir conociendo a personas maravillosas.

Quizás pida mucho, pero sé que es posible, lo he vivido antes, y lo sigo experimentando, de otro modo.

Solo pido saber mantener lo que ya tengo y, a ser posible, algo más, ser mejor persona y tratar mejor a todo el mundo, especialmente a los que más quiero. Me encantaría seguir desarrollando las relaciones personales para que sean una guía para mi espíritu, un bálsamo para mi corazón, una compañía sentida y afectuosa, una expresión sentida y profunda de la vida, del amor.

Todo ese afecto que he sentido y siento es mi regalo de navidad.

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Limpiar el retrete

Nadie suponía que un famoso neurocirujano iba a perder parte de su tiempo en tareas tan poco transcendentales y especializadas como recoger la ropa o limpiar el retrete. Pero esas sencillas acciones lo ligaban al resto del mundo, ayudaban a restablecer el orden familiar. Allí todos eran igual de importantes.

Nunca quiso dejar de hacerlo, no quería un trato de favor, aunque su tiempo era escaso, no quería tener ningún privilegio en la vida de sus seres queridos.

El tiempo que pasaban juntos le daba sentido a su vida, le ayudaba a restañar las heridas que traía su alma por el sufrimiento que lo rodeaba.

No solo quería disfrutar de su compañía, necesitaba sentirse uno más del grupo. Colaborar en las tareas de la casa reforzaba su vínculo.

Cuando sus amigos y familiares le inquirían sobre la pérdida de tiempo que suponía ocuparse de esos menesteres, él siempre respondía lo mismo:

“Puedo usar mis manos para salvar vidas, pero no puedo dejar de utilizarlas para lo más importante del mundo, mis seres queridos. Sirven para acariciar y abrazar, pero también para decir que todos somos uno, que cada uno es diferente, con distintas habilidades, pero todos colaboramos para que el grupo viva mejor, en una tarea común, todos juntos ayudamos a restablecer el equilibrio y el orden natural de las cosas, eliminar lo inútil, todo aquello que pueda dañarnos. Limpiar el retrete se convierte en una humilde y sencilla muestra de amor a la que no quiero ni puedo renunciar.”

Ángel Miguel
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Lluvia regeneradora

En un gris y otoñal día, la lluvia retorna a nuestro pequeño rincón, de forma generalizada, dispuesta a crear vida, a mantenerla, a regenerar el mundo.

Una lluvia que limpia el aire y la tierra. Algo más necesario que nunca.

¿Cuánta lluvia deberá caer para limpiar los corazones?

¿Podrá llevarse las mentiras? ¿el egoismo? ¿la maldad?

Esa limpieza interior solo lo puede hacer nuestra lluvia personal, las lágrimas.

¿Cuántas lágrimas? ¿Cuánto dolor es necesario para recordar que dependemos de este planeta?

¿Cuánto necesitamos sufrir para desarrollar empatía por los otros seres que sufren?

¿Cuando comprenderemos que cualquier ser vivo está por encima de las cosas, de los objetos inanimados?

Mirando las noticias pareciera que el tiempo necesario es infinito, que nunca aprenderemos.

Observando a las personas que nos rodean apreciamos las inseguridades, el temor, la desesperación,… Pero hay algo más.

Todavía hay actos desinteresados, luchadores por el planeta, por la diversidad, por la humanidad.

Hay momentos que me siento triste, sin esperanza.

Gracias a esos seres bondadosos, discretos, mucho más abundantes de lo que parece.

Gracias a todos vosotros todavía hay una oportunidad, una esperanza.

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Extremos

He aprendido que los extremos triunfan cuando triunfa el miedo, el enfrentamiento.

He aprendido que las mentiras se hacen fuertes cuando uno está predispuesto a creerlas.

He aprendido que los que no tienen argumentos recurren a lo más visceral, a la genitalidad, a lo más primitivo, al miedo. ¡Y consiguen buenos resultados!

He aprendido que las cosas buenas se olvidan más rápidamente que las malas, incluso mucho más que los rumores y las falsedades.

He aprendido que lo peor de la historia se repite, no solo porque se desconoce, sino porque beneficia a algunos.

He aprendido que soy raro, porque reconozco e intento mejorar a partir de mis errores.

He aprendido que muchos, demasiados, no han aprendido lo suficiente.

¡Todos sufriremos las consecuencias!

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Viejas cicatrices, nuevas heridas

A lo largo de nuestra vida vamos pasando por distintas experiencias, a veces nos dejan heridas en el alma y en el corazón, heridas que no siempre cicatrizan bien.

Luego pasa el tiempo, pero la cicatriz permanece, incluso sigue doliendo, de forma que cuando alguien “roza” esa herida saltamos con todo el dolor de la primera vez, con la rabia acumulada de todo ese tiempo.

Nos da igual que las otras personas actuen con la mejor intención del mundo, el recuerdo de esa herida, de esa pena, sigue presente, haciéndonos interpretar los hechos a partir de ese recuerdo, del momento y las circunstancias que nos hirieron.

Por supuesto, que este tipo de reacciones no ayudan a vivir mejor, como toda reacción basada en el miedo a sufrir, despierta en nosotros una parte irracional que, temporalmente, nos impide avanzar, aprender, disfrutar de la vida.

En algunas de estas circunstancias, a veces, aprendemos, nos damos cuenta que son viejas heridas, que ya no nos pueden hacer daño los hechos del pasado, que debemos velar por actuar correctamente en el presente.

Es una tarea difícil, porque con frecuencia no sanamos correctamente las heridas, simplemente dejamos que el tiempo las cure, dejando cicatrices que siguen causando dolor.

Hay que enfrentarse a las heridas, cauterizarlas, desinfectarlas, curarlas debidamente, para que cicatricen correctamente.

Si no lo hacemos así las viejas cicatrices seguirán doliendo y provocarán nuevas heridas.

Hay que afrontar los hechos, acogernos con amor, perdonarnos y perdonar, debemos aclarar lo que sea necesario, eliminar lo que pueda causar infecciones o cualquier daño posterior, para ello el mejor antídoto es el amor.

Ángel Miguel