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Comunicación

En la historia de la humanidad nunca hemos tenido tantos medios, tantos instrumentos para facilitar la comunicación. Sin embargo, creo que nunca nos hemos comunicado menos.

Me parece evidente la mezcla de mentiras y verdades, la burda manipulación de los grandes medios de comunicación. Son muy efectivos para propagar rumores e ideas falsas.

En nieveles más personales, las redes sociales suelen usarse para mostrar nuestro lado más superficial. Reinan las apariencias.

Esos potentísimos instrumentos llamados teléfonos inteligentes limitan su principal función y nuestra inteligencia. Se habla menos, se mandan más imágenes, emoticonos, mensajes breves, … Volvemos a lo superficial.

Lo que realmente sentimos, lo que nos preocupa, queda oculto. Es un pecado estar triste, desanimado, … Podemos ser el blanco de las burlas de los demás, de sus cotdilleos. Esos mismos cotilleos que estamos deseando hacer sobre los demás.

Quizás solo sea una percepción mía, pero queremos quedar bien por encima de todo, necesitamos aparecer felices, alegres, positivos, … Tenemos tan interiorizadas algunas de estas ideas que se nos olvida lo importante, los sentimientos que hay detrás de nuestras palabras.

Nos comunicamos para relacionarnos con otras personas, para expresarnos y para aprender.

Las palabras pierden o cambian de significado con su mal uso. Muchas veces no significan nada, pues no hay nada real detrás que la sustente. Palabras como amistad o amor, pierden su verdadero significado cuando se utilizan una y otra vez para situaciones en las que no hay verdadera amistad o no hay amor. Las palabras pierden así su utilidad, dejan de ser una ayuda para ser un obstáculo en la comunicación.

Todos queremos hablar, que se nos escuche. Pero muy pocos están dispuestos a oír a los demás. A responder desde el corazón. Respondemos con estereotipos, con frases hechas. Nos ocultamos para no ser vulnerables, para no parecer débiles.

A veces, cuando menos lo espera uno, alguien te escucha, en vez de interpretar nuestras palabras y juzgarnos intenta comprender nuestro mensaje. Responde con honestidad lo que le parece mejor. Habla y escucha. Se expresa con sinceridad. Es decir, surge el milagro de la comunicación. Un momento mágico que guardamos en nuestro corazón y en nuestro cerebro.

Muchos problemas surgen o se mantienen por una mala o inexistente comunicación. Creo que, a muchos, se les ha olvidado qué es, cómo se lleva a cabo y, sobre todo, la importancia de la comunicación.

La comunicación crece con la confianza, pero sin confianza es difícil que haya una buena comunicación.

La comunicación puede ser de muchas maneras, tenemos numerosas artes que no son más que formas personales e increíbles de comunicación.

También está presente en todo mensaje, por pequeño que sea, que porta un sentimiento verdadero. Un pequeño gesto puede transmitir más que el más largo discurso.

Me gustaría que hubiera más voluntad de comunicarse en todos los ámbitos, desde las televisiones, periódicos, redes sociales, hasta la persona que tienes a tu lado.

La voluntad de comunicarse es el primer paso, pero no el único. El camino más largo se empieza con un paso, el primer paso ¿Nos atreveremos a comuicarnos de verdad?

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La vida

Curiosamente se nos olvida, nos distraemos con miles de cosas que nos pasan y nos olvidamos vivir.

Somos tan incongruentes, tan insensatos, que no vivimos la vida por miedo a perderla. El miedo a la muerte nos condiciona y nos limita.

Da igual las creencias que tengas, no puedes dudar que has nacido con un cuerpo con fecha de caducidad, no sabemos esa fecha, ni si las circunstancias pueden acelerar el fin. De lo que podemos estar seguros es que este cuerpo que ahora tenemos dejará de existir.

Muchos no quieren pensar en ello. Otros viven atemorizados por la muerte, suya o la de sus seres queridos.

Siento deciros que tengas el miedo que tengas, pienses o no en ello, vamos a morir. Puedes buscar consuelo en otras vidas, en el cielo o en el infierno. Eres libre de creer lo que quieras. Pero me parece que lo importante es vivir plenamente mientras podamos, tomarnos las cosas con más humor, con más empatía, con más compasión, con más bondad, con más alegría (algo muy importante que se nos suele olvidar) y, por supuesto, con más amor.

Creo que es normal temer lo que no se conoce. Pero deberíamos preocuparnos más de lo que podemos hacer que de lo que está fuera de nuestro alcance.

Nuestra principal ocupación debería ser no distraernos de lo importante. Ser conscientes de la suerte que hemos tenido de nacer en un planeta maravilloso, al que no cuidamos debidamente. Centrarnos en tantas cosas buenas que tenemos y no apreciamos por ser algo cotidiano. Experimentar con plenitud y conscientemente las oportunidades que nos da la vida.

La vida es para vivirla, sin dañar a los demás, con respeto, siendo conscientes que todo tiene consecuencias. Pasamos por momentos malos y buenos, todo pasa.

También podemos reir, llorar, cantar, bailar, comer, beber, oler, ver, degustar, …

Busca en tu interior qué te hace sentir bien. Sé consciente del amor que hay dentro de ti y exprésalo. Que ese amor empiece por ti y desborde a todo lo que te rodea, a toda la humanidad, los animales, las plantas, a todo el universo.

Vive mientras puedas. Ama siempre.

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Etiquetar

Nos encanta poner etiquetas, nos da tranquilidad, confianza, parece que poner un nombre o un adjetivo a un objeto, animal o persona soluciona algo.

Parece que decir simpática, inteligente, amable, guapa, locuaz, callada, etc. soluciona la ingcógnita del ser humano. Ya no es un desconocido, creemos conocerlo.

Nada más lejos de la realidad, no nos conocemos ni a nosotros mismos. Tras la calificación de inteligente hay un ser sensible que en unas circunstancias toma una decisión que puede parecernos inteligente, que en otras circunstancias o frente a otros problemas puede actuar de forma que nos puede parecer errónea.

La persona callada puede decir más con una mirada o en unas condiciones adecuadas que el ser más hablador del mundo, que puede utilizar la palabra en determinados momentos como escudo protector frente a un mundo que considera cruel.

Pero seguimos poniendo etiquetas.

Llamamos bueno o malo a determinados hechos según como nos hacen sentir en el momento, según nuestra historia personal o lo que nos ha inculcado la sociedad. Casi nunca nos planteamos ¿por qué ocurre así? ¿qué puedo aprender? ¿tiene alguna ventaja? ¿cómo me hace reaccionar? ¿por qué me hace sentir así?

Las cosas, los diversos acontecimientos que experimentamos, no son ni buenos ni malos, son pruebas de aprendizaje. Pruebas que se repetirán si no las superamos, todas las veces que sean necesarias.

No hay que culparse si parece que no avanzamos, quizás en algunos aspectos no lo hagamos al ritmo deseado, pero quizás es el adecuado. Seguro que en otras lecciones aprendemos más.

En cada momento somos libres para elegir, para aprender o no, para actuar y aceptar las consecuencias.

Las etiquetas pueden resultar falsamente tranquilizadoras, no deben distraernos de la realidad. Una realidad que se nos oculta bajo apariencias de todo tipo, con engañosas etiquetas.

Olvidar las ideas previas (prejuicios), vivir sin miedo, dueños de nuestras vidas, de nuestras decisiones, con humor y con amor. Intentando no volver a etiquetar más. Aceptandonos a nosotros mismos y lo que nos ocurre.

No es lo que te pasa sino cómo lo vives.

Dibujo de Ángel Miguel
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Fluir en la confianza y el amor

No sé si servirá a alguien, pues lo que uno experimenta es lo que puede asimilar. Pero es necesario para ordenar mis pensamientos, quizás los de alguien más.

Siento que no estamos aquí para salvar el mundo, ni para cuidar de otros, por muy importantes y amados que sean. Tampoco estamos aquí para juzgar a los demás, ni siquiera a nosotros mismos.

Creo que la vida es una experiencia de autoconocimiento, tenemos la oportunidad de conocernos y querernos en un entorno único. Esto no quiere decir que lo demás no sea importante. En este camino podemos descubrir que el amor empieza por uno mismo y se extiende por todo el universo.

Quizás lleguemos a comprender que no podemos controlar la naturaleza, ni a otros seres, ni a nosotros mismos. Puede que sea de las lecciones más difíciles, fluir, aceptar las cosas como son y estar abiertos a lo que venga, sea lo que sea, sin miedos, con esperanza y amor. Es lo más difícil porque supone confiar ciegamente en el destino, en la vida, en el universo, en Dios, … en lo que sea que creas. Porque creas o no, nunca vas a poder controlar nada, ese mismo empeño te altera y estresa.

Dejar atrás los miedos, las inseguridades. Nos causa más daño el miedo que ocurra lo que tanto tememos. Estamos inseguros porque queremos ser y hacer lo necesario para ser amados, pero el verdadero amor es incondicional, no depende de cómo somos ni de lo que hacemos.

Huimos de lo que nos atemoriza, de lo que no nos gusta, nos refugiamos en diversas actividades (aficiones, trabajo, etc.) sin enfrentarnos a la realidad. Pero no te culpes por ello, hay un tiempo en que necesitamos eso, pero no podemos estar así siempre, tarde o temprano debemos enfrentarnos a lo que tememos, aceptarlo y seguir adelante: vivir.

La vida es un don, una gran oportunidad para aprender, para experimentar, podemos estar tristes o atemorizados, pero la alegría nos eleva, la bondad nos enriquece, el amor nos da la vida.

Somos libres, totalmente libres, aunque esas decisiones tienen consecuencias. Unas consecuencias que no son castigos, son lecciones para aprender, así que bienvenidas sean esas lecciones, solo debemos intentar aprender de ellas.

Nuestra única exigencia debe ser vivir conscientemente, sin juicios, aceptando cómo somos (no cómo creemos ser o cómo nos han querido inculcar que somos). Experimentar lo que la vida nos trae, fluir desde la confianza y el amor.

Photo by Soonorlater

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Lecciones esenciales

En nuestro caminar por esta vida nosotros mismos somos nuestros principales maestros. Pero el número y la complejidad de las lecciones es tal que recibimos ayuda en muchas lecciones esenciales.

Cada persona o animal que nos cruzamos en nuestra vida es por algo. No siempre el tiempo que permanecen con nosotros tiene que ver con su importancia. Algunos vienen para darnos una lección esencial en poco tiempo y luego se van. Otras veces nos acompañan durante mucho tiempo, normalmente porque necesitamos todo ese tiempo para aprender sus enseñanzas.

Pero no aprendemos de lo que nos dicen, ni siquiera de lo que vemos, es la relación la que nos aporta sus enseñanzas. Unas veces nos pueden parecer duras o negativas, otras poco importantes, a veces nos parecen increíbles y maravillosas. Todas son necesarias.

Muchas veces la finalidad de una relación es plantearnos un reto que superar, una situación que afrontar.

Los aprendizajes más significativos conllevan, a veces, superar situaciones adversas, sentimientos negativos. Quién nos plantea esa situación es nuestro maestro para esa leccion esencial.

Una vez aprendida la enseñanza podemos seguir adelante, con esas personas o con otras. Según necesitemos unos aprendizajes u otros.

Saber aceptar los cambios, confiar, aceptar las cosas como son, ser capaz de dar amor, mostrar asertividad, empatía o solidaridad son algunas de las lecciones esenciales. Pero una de la que más nos suele costar es amarnos a nosotros mismos, respetarnos y que nos respeten. También en este caso la persona o personas que tenemos enfrente nos pone en situación para aprender esa lección.

Algunas personas viene a ponernos en la difícil situación de aprendizaje, hacernos vivir duros momentos, pero también hay quien viene a darnos apoyo, acompañarnos cuando nos sentimos perdidos.

A veces nos podemos sentir solos y abrumados. En esos momentos aparece alguien, puede ser simplemente un recuerdo, un mensaje, un saludo, una mirada o una sonrisa. En ese instante parece salir el sol, el mundo se ve de otra manera, siguen las dificultades, pero nuestro ánimo está más dispuesto. Nos sentimos con la suficiente fuerza para seguir nuestro camino. El camino del amor.

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Me faltó tu amor

En plena pandemia, mientras mi padre deambulaba perdido en su mente escribí un breve relato inspirado en él. Lo incluí en mi último libro (¡Es para ti!) y pocos meses después nos dejó. Hasta ahora no he sido capaz de volver a leerlo. Siento que debo compartirlo.

Me faltó tu amor

No sé lo que me pasa, no puedo moverme, abro los ojos lentamente y no reconozco el entorno, es una habitación corriente, impersonal, sin cuadros, sin fotos, ningún detalle que me recuerde donde estoy o qué me ha pasado.

Tengo ganas de ir al baño y no puedo moverme, aguanto todo lo que puedo, hasta el límite.

Parece que no he dormido bien, porque siento una enorme pesadez en mis ojos, me cuesta mantenerme despierto. Me duermo.

Unos desconocidos me quitan la ropa, lo hacen con cuidado, no siento temor, gracias a ellos puedo ir al baño, me asean y me ponen ropa limpia.

Me quiero levantar, pero algo me lo impide, una especie de cinturón me ata a la silla. Tengo que ir a trabajar, si no trabajo ¿cómo pagar la comida?

Abro los ojos y veo unos extraños, pero me recuerdan a alguien, me besan y me abrazan, es agradable, me siento bien.

Se acerca un niño y algo dentro de mí se ilumina, una alegría desbordante me embarga, no puedo ocultar una gran sonrisa mientras cojo de mi mano la pequeña mano de ese niño.

Hay mucho ruido, estoy rodeado de viejos que hablan sin parar, alguno grita. Tengo que ir a trabajar, me esperan en el campo.

¿Dónde está mi mujer? Hace tiempo que no la veo. A mi lado una señora me la recuerda, pero es demasiado mayor para ser ella.

Tengo sueño, mucho sueño, estos señores tan amables no hacen más que hablarme y darme vueltas, yo solo quiero dormir.

Me parece que el otro día vino a verme una de mis hijas, pero no estoy seguro. Tengo que preguntar por ella.

La comida no sabe a nada, pero tengo hambre. No sé por qué me la tienen que dar a su ritmo, yo podría comer solo.

Me da la tos, la comida cae de mi boca. Me limpian, pero dejan una parte en la silla de ruedas ¿de quién será?

Unos señores y señoras muy amables me dan una vuelta por el jardín, me hablan de muchas cosas, pero yo no puedo perder el tiempo, tengo que ir a trabajar, en cuanto descanse un rato. Tengo sueño.

Mi madre, ¿dónde estás mamá? Quiero ir contigo, pero no te encuentro.

Debo tener un problema de oído, no entiendo muy bien lo que me dicen, pero es agradable escuchar esa voz, me recuerda algo.

Alguien me acaricia la cabeza, me siento bien. Delante de mí una mujer con problemas mentales me llama marido, cariño, …¡la pobre!

No sé por qué tengo tanto sueño, me tienen que estar echando algo en la comida. Me duermo.

Hoy han estado conmigo mi mujer y mis hijos, ¡hasta mi nieto! Detrás de ellos estaban mis padres y mis hermanos. No recuerdo que he hecho con ellos, pero estoy feliz. Me duermo.

Es de noche, pero algo me despierta ¡Me cuesta respirar! ¡Me duele el pecho!

Menos mal que has venido, te echaba de menos, me faltaba tu amor, mamá.

¡Claro! En cuanto pueda voy contigo, ¡pero estoy atado!

¡Ya no me duele el pecho! ¡Por fin puedo levantarme! Me voy contigo mamá. ¡Pero si están todos! Han venido los abuelos, papá, mis hermanos, tú,…

El sol sale en el horizonte.

Ya no siento dolor ni pena, ya recuerdo qué me ha pasado, por qué te fuiste y por qué me faltó tu amor.

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Me duele el corazón

Me duele el corazón. Me falta el aliento. Por lo que veo, por falta de alimento.

El mundo es muy grande, hay un poco de todo, también grandes actos de amor. Pero al mirar alrededor veo poco. El miedo y el odio son potenciados, mientras el amor es silenciado.

Las enriquecedoras diferencias de opinión no son por un mundo mejor, si no para conseguir el poder, el control.

La satisfacción del ego, el miedo y la desesperación llevan a la huida con ayuda del alcohol y todo tipo de drogas. No hay valor.

Con tantos canales de comunicación e información, nos distraemos sin buscar la verdadera conexión.

Nadie mira a los ojos del otro. Las palabras son vacias, llenas de prejuicios, pura apariencia, poca verdad, nada de amor.

Faltan abrazos sentidos, la conexión, la empatía, la solidaridad, el amor.

A pesar de todo, hay grandes personas con un gran corazón.

Aunque no sentir la humanidad, la compañía, la conexión, el amor, duele en el corazón. La soledad y la desconexión llevan a la desesperación.

Sin querer causamos daño. Sin saber, somos incapaces de dar nuestro amor.

Necesitamos expresarnos, sentir que damos y que recibimos amor, que no estamos solos, siempre conectados con el corazón.

Una mirada, una sonrisa, unas sentidas palabras, un beso, un abrazo, … Son la cura del corazón, la sanación de la vida, la expresión del amor.

Ángel Miguel
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Paz

La paz no es solo la ausencia de guerra, es también la renuncia a la violencia de todo tipo, la satisfacción que da la aceptación de la realidad y el equilibrio emocional.

Alcanzar la verdadera paz supone dejar atrás el miedo, las palabras de reproche, la queja continua, el juicio permanente y el apego.

El deseo de poder, el anhelo de la posesión material conlleva miedo. Temor a no conseguir lo deseado, también a que nos lo arrebaten una vez conseguido. Fomentar ese miedo es impulsar la violencia, sembrar las semillas de la guerra.

Denigrar al que es diferente, mentir, insultar, amenazar, … son reflejos del miedo. Y el miedo es el mejor abono para la violencia.

La falta de compasión, de empatía, de solidaridad, son reflejo del egoismo, del apego, del miedo más irracional y profundo.

Me preocupa el mensaje de odio, cargado de discriminación hacia lo diferente, que se puede encontrar en tantas expresiones en redes sociales y medios de comunicación.

Pero una mayoría silenciosa busca la paz interior y exterior, lucha contra sus propios miedos, intenta refrenar sus prejuicios, trabaja en desarrollar el amor en su sentido más amplio y universal.

La actitud frente al odio y la violencia debe ser decidida y contundente, pero llena de amor. No podemos responder a la agresión con lo mismo, la respuesta es la justicia, el rechazo pacífico, el amor.

Si realmente quieres la paz intenta cuidar tus palabras, tus pensamientos y tus acciones, siempre libres de resentimiento, siempre basadas en la solidaridad, la compasión, la bondad, la fortaleza y el amor.

Rechazar la violencia supone actuar con firmeza y con justicia, sin odio. Envía amorosamente a los violentos lejos, muy lejos de ti, donde no puedan hacer daño a nadie.

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Realidades imaginarias

El ser humano no puede percibir la realidad, sus sentidos reciben una serie de estímulos que el cerebro interpreta, recreando la realidad.

Esta limitación física para percibir la realidad está agravada por la psicología humana. Nuestras experiencias o interpretaciones de ellas, van creando unos patrones, unos marcos interpretativos en nuestra mente. De modo que nuestra limitada atención recibe alguna información del entorno, el resto lo crea nuestro cerebro, nuestra imaginación.

Según nuestro estado de ánimo y nuestra estructura mental vamos situando esas informaciones parciales en un conjunto, una construcción mental, que nos parezca lógica, realista. Aunque no tenga nada que ver con el mundo real.

Lo que imaginamos puede ser para nuestro cerebro tan real como el mundo que nos llega a través de los sentidos. Por ello podemos sufrir o disfrutar por lo que puede pasar o por la interpretaciones de los hechos, tanto o más que por los hechos en sí. También por ello es fácil engañar a alguien si conseguimos contar algo que encaje en su lógica, en su mundo imaginario, no tiene por qué tener nada de verdad, sólo que sea compatible con sus ideas y construcciones mentales, con la realidad imaginaria en la que vive.

Cada uno vive en su propio mundo, construido a partir de algunas experiencias y muchos condicionamientos culturales, familiares y personales.

A veces los hechos son tozudos y nos sacan de nuestro mundo, pero rápidamente volvemos a él. Reinterpretamos los hechos hasta encajarlos en nuestro patrón de pensamiento. Salvo que algo nos haga replantearnos nuestro mundo. Entonces podemos intentar cambiar nuestro patrón de pensamiento. Acercarnos más a la realidad, vivir más conscientemente.

En ese mundo imaginario desligado de la realidad o más próximo a ella, siempre necesitamos algo real a lo que agarrarnos, un amigo, la familia, …

El amor, siempre el amor, hacia todos, hacia uno mismo.

El amor es lo único que nos salva. Lo único real.

Ángel Miguel
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La avaricia rompe …

No, no rompe solo el saco, nos rompe a nosotros, a nuestro mundo construido de espaldas a la naturaleza.

La avaricia de unos pocos lleva a acumular más de lo que pueden consumir, gastar o despilfarrar. Esa avaricia causa importantes daños a muchas personas.

Pero más extendida y con consecuencias más funestas es la avaricia con la que tratamos a la Tierra.

Nuestro único e increíble planeta nos da todo lo que necesitamos para vivir, aire, agua, alimentos, inmensas montañas, extensos mares, belleza,…

Pero nosotros queremos más, nos hemos convencido a nosotros mismos que “necesitamos” multitud de cosas y cantidades ingentes de alimentos (que finalmente tiramos porque se estropean o porque engordan).

Tratamos nuestro planeta como si sus recursos fueran infinitos, como si pudieramos saquearlo sin consecuencias hasta el infinito y más allá.

No solo somos avariciosos, somos torpes egoistas que no sabemos disfrutar la vida. Mientras, nos empeñamos en destruir las maravillas de la naturaleza.

No todos somos así. Es nuestra única esperanza. Porque el planeta seguirá de una forma u otra, la naturaleza sigue su curso, pero nosotros dependemos de ella y no nos damos cuenta.

El planeta no nos exige nada. Nuestra supervivencia como especie, la necesidad de vivir con dignidad, nuestro futuro nos exige ser más respetuosos, agradecer y tratar adecuadamente nuestro entorno, nuestro hogar, al planeta Tierra.

No lo pienses, no le des a me gusta, actúa responsablemente, cuidando la naturaleza, tratando adecuadamente a nuestra casa: Gaia.