Publicado en Actitudes, Cualidades

Autoengaño

Se atribuye a Abraham Lincoln la frase: “Puedes engañar a todo el mundo algún tiempo. Puedes engañar a algunos todo el tiempo. Pero no puedes engañar a todo el mundo todo el tiempo”, creo que es una frase bastante acertada, pero las mentiras pueden durar más y afectar a más gente si tenemos en cuenta que muchos quieren ser engañados.

Parece increíble, ¿cómo va a querer nadie ser engañado?

Si lo pensamos bien, todos en algún momento hemos recurrido al autoengaño, “esto no me influye…”, “por una vez no pasa nada”, “yo controlo”, “en el fondo es lo mejor para él/ella”, “es que lo necesito, es imprescindible”, … Autoengaños para justificar nuestras acciones, para hacernos la vida más cómoda, más llevadera.

Del mismo modo, tenemos tendencia a creer lo que nos tranquiliza, lo que parece fácil, sencillo, claro, lo que coincide con nuestra forma de pensar.

Hay que ser muy valiente para reconocer que no se sabe de todo, que las cosas pueden ser muy complejas, que las recetas sencillas solo sirven alguna vez, que los otros pueden tener razón, que podemos estar equivocados,…

El miedo, la inseguridad y la ignorancia favorecen que busquemos soluciones rápidas y fáciles, que las cosas sean blancas o negras, sin matices, poner etiquetas que faciliten las cosas “esos son los malos”, “estos son los buenos”, “los inmigrantes nos quitan el trabajo”, “España nos roba”, …

Todo ello favorece el autoengaño y que estemos predispuestos a creernos muchas mentiras, por eso abundan tanto, por eso algunos políticos la usan como arma fundamental de su estrategia electoral (suelen estar siempre en campaña, nunca solucionan nada, solo buscan el poder).

Aún así, las mentiras son difíciles de mantener, por eso recurren a la repetición exhaustiva en distintas redes sociales y medios de comunicación. Y cuando no se puede mantener más se inventa otra mentira que haga olvidar la anterior.

Nos mienten y nos engañan porque ignoramos muchas cosas, por nuestra propia inseguridad, por miedo, por falta de raciocinio, pero sobre todo, porque estamos acostumbrados a autoengañarnos.

La cultura y la reflexión, la verdadera educación, son el camino para disminuir el autoengaño y las mentiras.

Nos jugamos la vida en ello.

 

 

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Prioridades

Con frecuencia estamos tan ocupados con lo urgente que olvidamos lo importante.

Muchos de nuestros problemas tienen su origen o se vuelven más complicados por no tener claras nuestras prioridades.

Obviamente, hay cuestiones que son muy personales, cada uno tiene sus necesidades, sus preferencias, por tanto tiene sus propias prioridades.

Pero estas preferencias personales también se olvidan con frecuencia, nos dejamos llevar por el ritmo frenético de la vida actual, nos dejamos llevar por nuestras obligaciones (reales o autoimpuestas), dejando en el olvido lo que más necesitamos, nuestras propias prioridades.

Algo similar ocurre al conjunto de la sociedad y a determinados grupos, se centran en cuestiones secundarias y olvidan lo importante.

En mi opinión es más importante lo representado (un pueblo, una nación, la gente) que el símbolo (banderas).

Creo que la economía está para proporcionar bienestar a las personas y no las personas al servicio de  la economía.

La naturaleza no es un lugar para obtener productos y beneficios, el medio ambiente es nuestro hogar, el lugar donde vivimos.

Estoy convencido que mucha gente olvida que la prioridad es cuidar el planeta, porque es nuestra casa, no es nuestra propiedad, somos usufructuarios del mismo. La prioridad es mantener las condiciones para que nosotros, las siguientes generaciones y todos los seres vivos puedan seguir habitándolo.

La máxima prioridad no es la riqueza, ni el bienestar, ni siquiera la alegría, la mayor prioridad es estar vivos, aceptándonos como somos e intentar potenciar lo mejor que tenemos. En otras palabras, el AMOR en el más amplio sentido de la palabra.

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La cosecha

Cualquier agricultor o jardinero, incluso cualquier aficionado, sabe que al plantar cualquier semilla algunas se perderán, crecerán plantas, unas más débiles otras con más salud, a las que afectará la sequía, las plagas, el exceso de agua o el frío, …

Finalmente, una parte de lo sembrado dará su fruto. Pero nadie esperara obtener tomates si sembró patatas, o recolectar sandías si sembró rosales.

En nuestra vida es igual, si sembramos compasión, bondad, amor, solidaridad, altruismos, calma, equilibrio, … es lo que cosecharemos.

Si sembramos resentimiento, frustración, odio, agresividad, envidia, … eso será lo que recolectemos.

¿Qué estamos sembrando? ¿Qué siembran los medios de comunicación que vemos o seguimos? ¿Qué siembran los líderes que elegimos?

Según nuestras elecciones ya sabemos lo que podemos esperar recolectar. ¿Es eso lo que queremos?

En nuestra mano está qué sembramos, si apoyamos o seguimos a los que siembran una cosa u otra.

Debemos ser cuidadosos, pues no podemos esperar obtener algo distinto a lo que sembramos.

Ángel Miguel
Publicado en Para ti

Más que palabras

Las palabras no solo expresan una idea, muestran una intención, llevan una energía determinada que nos influye y nos condiciona.

Hay una serie de palabras que expresan valores que me gustaría escuchar más o leer más, valores como solidaridad, honradez, responsabilidad, compasión, honestidad, coherencia, bondad, generosidad, altruismo, respeto, etc.

Que sean poco frecuentes reflejan que no son el centro de interés, que no son el objetivo de mucha gente.

Si indagamos un poco más descubriremos que muchos de los que utilizan esas palabras lo hacen por un interés distinto, menos ético, más egoista de lo que reflejan esos vocablos.

Por ello es importante volver a utilizar y tener como objetivo valores como la ecuanimidad, la justicia, la solidaridad, la compasión, la bondad, … Pero sobre todo, lo realmente importante es que sean algo más que palabras, que sean principios que guian nuestras acciones cotidianas.

Hay demasiadas palabras hermosas, en libros, audios, vídeos, blogs, … Son mensajes interesantes, pero inútiles si no los hacemos parte de nuestra vida.

Vivir desde la responsabilidad, la coherencia, la bondad, la solidaridad,… es el objetivo; no escribir más reflexiones o discursos.

Que todos esos valores sean mucho más que palabras.

Ángel Miguel
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La búsqueda de la mentira

Quizás el título debería ser la búsqueda de la verdad, pero yo no tengo la verdad, no sé cuál es la verdad.

Desde mis limitaciones puedo apreciar que muchos usan las mentiras desde siempre. Sin embargo ahora me sorprende la elevada cantidad de individuos dispuestos a creer cualquier afirmación desprovista de argumentos, de hechos o de una referencia fiable.

De repente han surgido expertos en todo, personas sin conocimientos científicos discuten y porfían con los mayores expertos del mundo, se da voz a los ignorantes que dicen estar en posesión de la verdad, no a los que presentan hechos, investigaciones y una amplia experiencia en el tema que sea.

Hay una predisposición al morbo, a creer en lo más negativo, rechazando lo que aparezca como un avance como una mejora.

Pocos buscan la verdad, la adaptan, la disfrazan, la cambian hasta mentir absurdamente, olvidando cualquier parecido con la realidad.

Son variadas las razones por las que engañamos y nos auto engañamos:

* Para obtener beneficio propio.

* Por ignorancia.

* Por miedo a lo nuevo, a lo diferente, …

* Por odio.

* Por orgullo, por no admitir que hemos estado equivocados.

Cada uno tendrá sus razones, distinta en cada momento, algo sobre lo que reflexionar, si se tiene esa capacidad.

Como muchos me siento perdido, confuso. Me apena ver cómo abundan las mentiras, cómo cuando se consigue desmontar una surge otra peor, cómo tanta gente está siendo manipulada por falsedades repetidas una y otra vez, hasta que calan.

En esta época parece que se han juntado todos los motivos anteriores, ahora incontables individuos buscan las mentiras con las que se sienten cómodos, las mentiras que los vuelvan a su espacio de confort, de ello se aprovechan los que usan la mentira para obtener beneficio propio, los que buscan destruir al que es diferente, al que no piensa como ellos, los que fomentan el totalitarismo. Volvemos a una situación parecida a la que la humanidad sufrió hace un siglo, renace el fascismo. ¿Habremos aprendido algo o repetiremos los mismos errores?

Ángel Miguel

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Cuatro palabras

Es la magia de las palabras, una sola puede decir mucho, toda una historia detrás, una gran cantidad de emociones y sentimientos asociados a un solo vocablo. Tan maravilloso como difícil descifrar para el que no posee el código, para el que no conoce todo lo que hay detrás de cada término.

Si uno conoce las aventuras, las desventuras, toda la emoción y pasión detrás de una sola palabra, algo difícil, pues harían falta libros enteros para explicar solo uno de esos términos, pero entonces, y solo entonces, bastarían cuatro palabras para describir toda una época de la vida. Tal como lo siento hoy, podría ser algo así:

 

Infancia:

MAMÁ              JUEGO                   HOGAR              INOCENCIA

 

Juventud:

PASIÓN           AMIGOS               SUEÑOS           DIVERSIÓN

 

Madurez:

AMOR             FAMILIA                 METAS             REALIDAD

 

Vejez:

VIDA                CAMINO                 PAZ                  SOLEDAD

 

Fin:

CAMBIO         RENOVACIÓN       INCERTIDUMBRE      LUZ

 

 

Ángel Miguel
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A mi padre

Te fuiste antes de partir.

Mirada perdida, corazón palpitante.

Aunque nos olvidaste, fue por un instante,

nunca dejaste de sentir.

Vida intensa, apasionada.

Lucha continua, puro nervio.

Lo primero, tu familia amada,

aunque con errores y genio.

Nos queda el brillo de tu mirada

llena de amor por tu mujer amada,

por tus hijos, por tus nietos.

Tu vida honesta y sincera,

lejos de todo engaño,

aunque, al final, nos ocultaste el daño,

no quisistes vernos sufrir.

No pienso en ello como un engaño,

más bien el gran gesto

de ese amor paterno tan bien guardado,

de esa alma noble que nos dio el vivir.

 

Ángel Miguel

 

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Mientras dure la vida

Vivimos inconscientemente. Sabemos que tenemos los días contados, pero nos perdemos en asuntos sin importancia, en las cosas, sin caer en la cuenta que el tiempo se nos acaba.

La marcha de un conocido o de un ser querido puede recordarnos la brevedad de la vida y la importancia de disfrutarla. Pero suele ser una intención de corta duración, pronto volvemos a la rutina, a las costumbres habituales, seguimos jugando a matar el tiempo, hasta que el tiempo nos mate.

No hay palabras mágicas, no hay milagros, solo el tiempo que se nos escapa entre las manos.

¿Qué hacemos durante ese tiempo? ¿Avanzamos o retrocedemos? ¿Mejoramos nuestras capacidades? ¿Ayudamos al planeta o solo existe nuestro planeta personal? Y, por último, ¿cuánto amor hemos dado? ¿hemos estado suficientemente abiertos para recibir amor?

Al que le resulte interesante puede pensar en el más allá, creer o no creer, yo también tengo mis ideas al respecto (llenas de dudas, por cierto), pero lo imperdonable es no VIVIR, mantenerse a la espera de un momento mejor, quedarse en una queja perpetua.

Puede ser muy duro conocer la llegada inminente del fin, pero mientras dure la vida hay amor, amor para dar y para recibir. Lo único que le da sentido a todo esto, los únicos recuerdos importantes son los de todas las cosas que se hicieron, o no se hicieron, por amor.

Duelen las despedidas, pero reconforta el cariño dado y recibido, la huella de su legado.

Mientras me dure la vida y siempre, gracias por tu amor.

Ángel Miguel
Publicado en Para ti, Sentimientos

Experiencias por vivir

No poseemos nada, ni objetos ni animales, ni personas; si acaso tenemos el miedo a perderlos.

Ni tan siquiera somos dueños de nuestros cuerpos, al igual que todo lo demás, lo utilizamos durante un tiempo limitado.

¿Qué somos? ¿Qué nos queda?

Preguntas difíciles de responder, cualquier respuesta es incompleta, parcial, con errores.

Más allá de lo material está la energía, están las experiencias.

Creo que lo que da sentido a la vida es vivirla, pasar por las distintas experiencias por la que nos conduce.

Con frecuencia no nos gusta lo que nos ofrece, querríamos otras cosas. Quizás por nuestras limitaciones o por desconocimiento.

Suele pasar que obtenemos las experiencias que necesitamos, no las que nos gustarían.

Pero también vivimos experiencias necesarias, que nos ayudan a aprender y ser mejores, experiencias que disfrutamos y deseamos.

Mis mejores experiencias tienen mucho que ver con la naturaleza y con las personas, pero sobre todo con el amor, correspondido o no, de todas las formas posibles.

Todas las experiencias por las que he pasado han sido muy importantes para mí, pero una es especial, por lo vivido hasta ahora y porque mantiene mi ilusión en las experiencias por vivir.

En mi caso es todo lo relacionado con alguien muy especial, una persona a la que admiro y amo profundamente, un ser cariñoso, inocente, inteligente, bondadoso, excepcional, … él le da sentido a mi vida, especialmente cada vez que me dice: te quiero papá.

Ángel Miguel

 

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Cuando el amor no basta

A pesar de todo, hay situaciones en las que el amor no es suficiente.

Hay personas que se centran en un determinado tipo de amor o de una persona en concreto, hasta el punto de cerrarse a otras formas de amor, a otras personas. Puede ser que mantener una actitud amorosa durante meses y años ayude a esa persona, pero no siempre se muestran los beneficios del amor, si nos empeñamos en no aceptar el amor, entonces no es suficiente, no puede hacernos sentir mejor, no nos ayuda a ser mejores.

Otras veces una persona se siente tan herida, teme tanto volver a sufrir, que se cierra en su mundo, se vuelve refractaria a todo, también al amor. En algunos casos la perseverancia, las muestras de amor constantes y duraderas pueden derribar esas barreras, pero hay veces que el miedo y el dolor vencen, aunque sea por un tiempo, mientras dure esa situación el amor no basta.

En algunas situaciones podemos pensar que la convivencia o la rutina puede erosionar el amor, frustrar una relación o acabar con ella. Yo creo que lo que suele ocurrir es que nos distraemos con las ocupaciones diarias, los pequeños o grandes problemas nos hacen olvidar el amor, dejamos de expresarlo, de manifestarlo en cada uno de nuestros actos. Me parece que cuando el amor queda como un sentimiento sublime, expresado en situaciones concretas, en momentos espaciados en el tiempo, termina por no ser suficiente, quizás porque está limitado, minimizado.

Hay más situaciones en las que el amor no basta, creo que se puede resumir diciendo que el amor no es suficiente si estamos cerrados a él, si no lo expresamos suficientemente, si no vivimos desde el amor.

Desconozco la solución, no sé que se puede hacer cuando el amor no basta.

Personalmente intento no dejar de tratar con amor a los demás ni a mi mismo, aunque a algunas personas no les baste, aunque no sea suficiente para disfrutar de todos sus beneficios, de la plenitud de la vida, no puedo, no quiero dejar de amar, a pesar de todo, es la última esperanza.

Dibujo de Ángel Miguel