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Del miedo al odio

El miedo siempre ha estado ahí, desde el inicio de la humanidad. Un miedo natural a lo desconocido, a los peligros de la naturaleza.

Hoy en día conocemos muchas más cosas del universo, muchos peligros han dejado de serlo, pero han surgido otros, algunos reales otros imaginarios.

Algunas personas se han dado cuenta de la fuerza del miedo y lo han intentado utilizar en beneficio propio. Durante un tiempo les ha sido muy útil, aunque resulta algo difícil de controlar, de modo que el resultado final siempre puede ser inesperado.

Se ha fomentado el miedo a lo diferente, a lo desconocido, para desarrollar un odio que desemboque en reacciones irracionales, que lleven a limitar la capacidad de raciocinio, así se puede controlar mucho mejor a la población en general.

Algunos han utilizado el miedo y el odio para fomentar guerras, acciones terroristas o la formación de grupos políticos que en otras circunstancias no tendrían ninguna opción de prosperar.

El miedo es el caldo de cultivo de la xenofobia, del racismo, del machismo, del fundamentalismo religioso, del populismo, de las dictaduras, del fascismo.

Hay miedo a perder los privilegios, a los cambios, a los que tienen un color de piel diferente, a los de otra religión, a los de otra zona, a los que piensan diferente, miedo al miedo, a la enfermedad, a la pandemia, a la muerte.

El exceso de información sobre desastres y peligros fomentan nuestros miedos, desarrollan el odio, tanto que se usa como arma política, algo que está calando en la gente y originando problemas de convivencia y agresividad.

Deberíamos reflexionar qué nos mueve a hacer o decir algo, ¿qué miedos ocultan esas acciones? ¿Diría o haría lo mismo si fuera un ser querido?

¿Y si queremos a todos? ¿Y si nos queremos, de verdad, a nosostros mismos?

Estoy convencido que el amor es la única vía para frenar el miedo y el odio.

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El fin de la democracia

Realidades “para lelas” y “para lelos”

Hay un significativo número de personas que no les interesa la realidad, tienen un objetivo (el poder y enriquecerse), se inventan un mundo que no existe, pero que le da la oportunidad de seguir mandando, de vivir a costa de los demás.
PUede parecer sorprendente, pero esas mentiras son creídas por un gran número de personas, entre otros motivos, por ser repetidas continuamente en los medios de comunicación y las redes sociales.
Sin aportar pruebas, sin ninguna base, sin ningún criterio, pero lo ha dicho el famoso de turno, el periodista tal o fulanito de los palotes (todos pagados, directa o indirectamente, por los que sostienen las mentiras).
No hay investigación, no hay búsqueda de la verdad, solo reafirmarse en la propia mentira y el que no la crea hay que desprestigiarlo, silenciarlo.
Todos se han olvidado de observar, analizar, buscar datos y pruebas para corroborar la realidad.
La mentira y la manipulación se ha convertido en la forma habitual de alcanzar y mantenerse en el poder.
Mientras, los damnificados, el pueblo, apoya acriticamente a sus líderes mediáticos.
Se opina y se vota basándose en rumores y bulos.
Es el fin de la democracia.

Dibujo de Ángel Miguel
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Gaznápiro

Josefo Anselmo Pérez Tieso, hijo mayor de don Anselmo, conocido por familiares y amigos como Chiqui, acaba de conseguir su segundo Máster, igual que el anterior y el grado correspondiente no fueron nada fáciles de obtener, muchas reuniones, muchas ayudas “voluntarias”, el dinero circulando como el agua por el Ebro, todo eso y la amistad personal con algunos rectores, decanos y profesores asociados, fueron necesarios para que Chiqui completase un currículo académico adecuado a su posición social y económica.

Su padre quería mantener a flote sus empresas, así que no podía dejar que su retoño participara en su gestión. Una forma elegante de deshacerse de él era dotarle de los títulos suficientes para que pudiese prosperar en política, era lo único que le faltaba, ya que desde pequeño no tenía problemas en decir una cosa y hacer la contraria, al tiempo que podía convencerte de que lo hacía por tu bien. Siempre se juntaba con quién le iba a dejar los juguetes que deseaba, cambiaba de amigos en función de lo que podía obtener de ellos en cada momento, pero lo hacía de forma que parecía que lo hacía forzado por las circunstancias externas, guiado por algo más alto que sus propios intereses.

Con toda esa experiencia, su aspecto atractivo y su verbo fácil, consiguió ascender en el partido lo suficiente para vivir cómodamente, con bastante lujo, sin hacer nada.

La experiencia en los distintos cargos que obtuvo le sirvieron para ser consciente de la importancia de las alianzas y tener personas de confianza que le hicieran el trabajo, no por pereza, sino por no dejar al descubierto su ineptitud total.

Como es normal, no todo fue un camino de rosas, tuvo sus dificultades, hasta perdió su puesto y tuvieron que hacerle uno específico para él, tenían que agradecerle muchos favores.

Aprovechó el tiempo sin ninguna tarea específica en su cargo para simplificar su ideario, con tres o cuatro mensajes directos y sencillos era más que suficiente para llegar al elector medio.

También mejoró su aspecto físico y su red de amistades. Su día a día consistía en tomar café con unos y con otros, gimnasio, comidas con colegas, copitas de sobremesa, gimnasio, cenas y marcha nocturna sin límites.

Entre copa y copa, entre raya y raya, mientras fumaba, iba trabando alianzas, “amistades” de futuro, gente dispuesta a lo que fuera para mantener lujos y un ritmo de vida frenético.

Gracias a todas estas actividades no tuvo problema cuando llegó el cese. En el fatídico momento en que sus valedores fueron pillados in fraganti y depuestos de sus cargos, sabía que tenía que cambiar de rumbo, poner en práctica todo lo que había aprendido y volar solo.

Sabía que nunca debía reconocer un error, que había que echar la culpa a las víctimas (porque tenían mucho más difícil defenderse), que debía mantener y fomentar los estereotipos más trasnochados y anticuados del país como algo único, como un elemento unificador de la nación, esa era la clave, no proponer nada útil, simplemente decir que con ellos todo se resolvería, mientras que con los adversarios (a partir de ese momento, enemigos) todo sería un desastre. No podía dejar de apelar a lo más visceral, al miedo y al odio, para conseguir anular el pensamiento racional, algo imprescindible para su ascenso.

A pesar del importante apoyo económico y mediático que recibió desde el principio, le costó conseguir el éxito, pero no desfalleció, conocía a sus antiguos compañeros, les adelantaría con sus armas, argumentos falaces, mentiras repetidas hasta el infinito que se volvían verdades para la mayor parte de sus simpatizantes.

Pero tuvo que ocurrir lo inesperado, que otros grupos perdieran su tradicional sentido común, que pidieran lo imposible, para que el temor a esas peticiones, a la pérdida de un pasado añorado e irreal, ganara terreno entre el electorado de todas las ideologías.

Era su momento y supo aprovecharlo, con recetas fáciles, sembrando rencor y miedo, consiguió excelentes resultados.

Antes de su victoria tuvo una significativa charla con su padre:

  • Hijo, debo confesarte que estaba muy equivocado contigo, siempre pensé que eras torpe, simple, bobo, un gaznápiro. Pero me has demostrado que eres más inteligente que la mayoría de los líderes políticos.
  • Gracias, padre, siempre he sabido que mi cerebro no era mi punto fuerte, ni todas esas mariconerías culturales, pero la chulería, la fuerza, el aspecto físico y los medios de comunicación hacen mucho. Mis cojones han podido más que todos esos intelectuales. Ellos sí que son eso que tú has dicho, pero sobre todo, los votantes, esos pobres que se creen todo. Sea lo sea esa palabra rara que has dicho, es más adecuada para todos ellos: gaznápiros

 

Poco tiempo después Chiqui pasó a encabezar el gobierno… ¿O no?

Este relato forma parte del libro ¡Es para ti! de Ángel Miguel Bermúdez Hernández, disponible en Amazon

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Lluvia

Ciento cincuenta y siete días desde las últimas precipitaciones habían provocado una gran sequía. La reseca tierra ansiaba el líquido elemento, como un amante desea a su amor tras una larga separación.

El peculiar sonido de la lluvia sobre las hojas, sobre las ramas y el sotobosque traía remembranzas de tiempos más felices y fértiles. Exultante naturaleza por doquier.

Tras la espesa cortina de lluvia se vislumbraba el brillo de los últimos seres mágicos del bosque, supervivientes del materialismo y la modernidad. Parecían felices, disfrutaban de ese momento único bajo el techo arbóreo, sintiendo en sus rostros la revitalizante lluvia, gozando los inconfundibles aromas de un lugar increíble y maravilloso.

Súbitamente todo cambió, la irreal visión desapareció, mientras un gran mastín corría desesperado, huyendo del impacto de los pétreos proyectiles, lanzados por desalmados jovenzuelos. En su precipitada carrera cayó enredado entre las raíces de una majestuosa encina.

A pesar de las severas amonestaciones de sus padres Gheena no pudo evitar socorrer a la atemorizada criatura. Con una dulzura desbordante acercó su resplandeciente mano a la noble testa, mientras canturreaba en un lenguaje secreto, un idioma musical, de luz y amor. El can se recuperó rápidamente, se puso en pie y miró a Gheena lleno de agradecimiento, luego siguió su camino, todavía refulgiendo su recuperada testuz.

La sonrisa llena de bondad y felicidad de Gheena se congeló por un instante al descubrir frente a ella un boquiabierto infante. Pero reaccionó a tiempo y desapareció, dejando en el aire el aroma del olvido, la magia que borraría de la mente del pequeño todo lo que había presenciado.

Volvió la lluvia, inundaciones, sequías, el sol y las estaciones se sucedieron una y otra vez en una ilimitada sucesión de días, semanas, meses y años. Algo inapreciable para los seres mágicos del bosque, pero no así para el pequeño Andrés, que dejó de serlo, se transformó en un hombre sensible, solitario y amante de la naturaleza. Su cuerpo y su mente se desarrollaron hasta alcanzar su máxima expresión de inteligencia, fuerza y poder, luego el cuerpo empezó a declinar, su espalda se encorvó, su canoso pelo raleó, sus huesos y músculos se debilitaron, pero nunca dejó de acudir al bosque, ponía nidos para los pájaros, curaba los animales heridos, luchaba por quitar los restos de los indeseables visitantes que arrojaban sus basuras por cualquier sitio.

Una tarde, en un tiempo que los humanos llamaban noviembre, cuando los días se iban acortando, como los de Andrés, la lluvia lo sorprendió bajo su querida encina, mientras escuchaba el rumor del agua al caer y las hojas movidas por el viento, feliz observando como los pajarillos se refugiaban en los nidos de madera que él había fabricado y colocado en los árboles. Fue en ese preciso instante, cuando arreció la lluvia tanto que una cortina de agua limitaba su visión, sólo en ese momento pudo resurgir una imagen olvidada en el fondo de su cerebro, recordó el hermoso y brillante ser del bosque. El tiempo pareció detenerse primero, retroceder después, hasta volver a ver a su antigua amiga Gheena, esta vez no desapareció, se acercó a él y empezó a entonar su mágica canción mientras aproximaba su brillante mano a la mejilla izquierda de Andrés. Un tacto inmaterial, lleno de bondad y amor, tan emotivo que no pudo reprimir unas lágrimas que recorrieron lentamente su rostro, mientras sus inteligentes ojos desprendían un afecto infinito por todos los seres y su cuerpo empezó a emanar luz, una increíble metamorfosis que lo transformó en un nuevo habitante mágico del bosque.

 

Lluvia es un relato del libro ¡Es para ti! de Ángel Miguel Bermúdez Hernández. Disponible en Amazon https://www.amazon.es/dp/B08JB1XH3S/ref=sr_1_3?__mk_es_ES=%C3%85M%C3%85%C5%BD%C3%95%C3%91&dchild=1&keywords=%C3%81ngel+Miguel+Berm%C3%BAdez+Hern%C3%A1ndez&qid=1600589160&sr=8-3

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El hombre que vivió muerto

Esta es la historia de un hombre que tuvo toda su vida una salud de hierro, hasta que el trabajo y las responsabilidades le alejaron de su propio yo y de los demás, entonces su alma se debilitó, luego su cuerpo enfermó.

En esa delicada situación apareció la pandemia.

La soledad y el aislamiento lo debilitaron hasta el extremo, resistió un poco por la fría tecnología que llevó algunos mensajes de cariño de una amiga.

Pero quedó exangüe, al límite de sus capacidades.

Cuando volvieron los encuentros, sin abrazos, sin besos,… No pudo resistirlo, su alma murió y el cuerpo siguió adelante como pudo.

Pasaron semanas, meses, todo seguía igual, sin alma, solo.

 

Vivía resignado, intentando sobrevivir lo mejor que podía.

Hasta que un día, sin saber por qué, alguien superó todos sus miedos y lo abrazó.

Su alma revivió y su cuerpo empezó una lenta recuperación.

 

Sus ojos mostraban un brillo de esperanza.

 

Su corazón empezó a mostrar su amor.

Ángel Miguel

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En algún rincón del corazón

Cansados de tanta mentira, de tanto odio, de tanto miedo, nos refugiamos en lo conocido, en lo más próximo. Pero no conseguimos avanzar, el mundo parece haberse vuelto loco, la crispación reina en los medios de comunicación y parece echar raíces en los seres humanos.

Se dispara, se mata, por una sospecha, por un color, por todo tipo de cosas sin sentido, realmente estúpidas, pues, al fin y al cabo, son solo cosas, objetos materiales que nos hacen más cómoda la vida, que nos vuelven dependientes y más débiles cuanto más creemos necesitarlas.

La naturaleza sufre las consecuencias. Toneladas de basura flotan a la deriva por los inmensos océanos. Plásticos por doquier. Gases que envenenan nuestros pulmones, nuestra piel. Se arrasan selvas y bosques. Se esquilman los mares. La huella de la humanidad es una marca sucia, que deja dolor y sufrimiento a todos los seres.

Aunque sigue habiendo humanos que luchan contra todo ello, que intentan despertar conciencias, preservar el mundo, mantener la vida, la riqueza mayor del universo.

Esos pocos valientes no son suficientes, hay que cambiar nuestra actitud, hay que conseguir que toda la humanidad conecte con ese rincón del corazón donde todavía guardamos la esencia, donde aún no ha entrado la ambición ni la envidia, allí donde la bondad es fuerte, donde el temor no tiene nada que hacer, porque reina el amor.

Si cada individuo trasciende el amor a sus hijos o a su familia o a su mascota y llega hasta ese rincón del corazón, entonces, y solo entonces, comprenderá que el amor es lo único importante y deberá actuar siempre desde el amor.

Cuando llegue ese momento volverá esperanza, llegará un mundo mejor.

 

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Una pequeña historia

Una sensación densa y pesada, lo atrapó.
Olvidó todo lo que tenía planeado, su esencia y su finalidad.
Surgió como un libro en blanco, aunque las líneas maestras de su vida ya estaban escritas.
A su lado y alrededor suyo, veían cómo la estructura física del techo caía sobre su emergente cabecita.
El cambio al mundo material siempre era “milagroso”.
Al nacer lloró mucho, pues extrañaba su mundo, su esencia, a pesar de saber que era necesario, no quería olvidar de dónde venía. En el otro lado era feliz, ahora …


Se relacionaba bien con todos, aunque de una forma diferente a los demás, aparentemente más superficial, pero con un nivel de conciencia único, que atemorizaba a algunos y calmaba a otros.
Ni él mismo se entendía. ¡Era tan diferente a todos! No le atraían las travesuras, ni los juegos violentos, nunca fue capaz de lanzar una piedra contra un animal ni de pelearse con nadie, se sentía extraño, como si no fuera de este mundo.
Necesitaba el contacto con los demás, tanto como la soledad. Pero lo que más ansiaba era el afecto, las muestras de cariño, tan escasas en los hábitos familiares. Siempre echaría de menos esas caricias, esos abrazos, esos besos que nunca tuvo.
Andar por los campos, la música y el baile eran sus mayores entretenimientos, lo que le hacía sentirse feliz y crecer. Más tarde, cuando aprendió a leer, descubrió los mundos de la imaginación y del arte, a través de la lectura. Devoraba todo lo que caía en sus manos, libros de todo tipo, para todas las edades, vivía las narraciones en primera persona, creando un mundo propio muy diferente al que sus sentidos apreciaban, pero quizás no tanto de la realidad como se podía imaginar.


Su alma se dividía en dos con los gorriones, disfrutaba viéndolos por su casa, jugando con ellos, pero sufría lo indecible cuando les cortaban las alas para que no escaparan, era peor que si se las hubieran cortado a él. Cuando alguno se marchaba lo añoraba, pero se sentía feliz imaginándolo libre por los campos, con su familia, volando por el cielo. Otros desaparecían y nadie le contaba donde habían ido, sentía entonces el dolor por la pérdida, un sentimiento que lo acompañaría buena parte de su camino en esta Tierra.


A pesar de todo el universo de experiencias y sentimientos que bullía en su interior, aparentaba una calma y tranquilidad contagiosas. Pocos llegaron a entender que lo que emanaba de él era su esencia, su poder, pero que en su interior la actividad era brutal.


Físicamente era como cualquier otro chico, sin ninguna característica especial, pero su mirada … Sus ojos dejaban traslucir la profundidad de su alma, nadie entendía lo que transmitían, pero a todos atraían, a nadie dejaban indiferentes sus ojos azules, con tonalidades cambiantes, de mirada profunda, eran una ventana a otros mundos.


En la edad que su consciencia más avanzaba, cuando empezaba a ver el mundo de otra forma, justo entonces lo arrancaron de su entorno, dejó atrás su primera infancia, junto a todo lo que conocía. Muy a su pesar, inició una etapa de introspección, impuesta por la soledad que lo acompañaba en su nueva vida. Esta etapa dejaría heridas en su corazón que difícilmente sanarían, pero también le abrirían la puerta a nuevos mundos, a una realidad más profunda, alejada de las apariencias, ligada a la esencia de las cosas, del Universo.
Al tiempo que el sufrimiento lo constreñía, su cuerpo físico sufría las consecuencias en forma de enfermedad, con la gravedad justa para no causar daños, pero suficiente para obligarlo a cuidar su cuerpo y cambiar algunos hábitos. Otro paso más en su destino.


En otra época de la historia de la humanidad quizás hubiera proclamado su verdad, creado una nueva religión, una nueva ideología. Pero ya había demasiadas, más ideas que sentimientos, más iglesias que fe, más discursos que hechos. Los fariseos se habían apropiado del legado del Enviado, las extrañas creencias del mundo oriental comenzaban a extenderse por doquier, la diversidad y la igualdad arraigaban en el subconsciente colectivo. La humanidad seguía su propio camino.


Mientras, él crecía esperando señales, un pequeño “milagro” que lo ayudara, que aclarase sus ideas, sus sentimientos, que desencadenase el cambio. Pasarían muchos, muchos años, antes de que se diera cuenta que todo, absolutamente todo, es un milagro, un indicio para guiarnos en nuestro camino.


Primero aprendió a soñar, mucho más tarde empezó a luchar por sus sueños, para al final del camino darse cuenta de que aceptar la realidad es el principio del sueño, cambiarse a uno mismo es el mayor sueño hecho real.


Nuevos cambios en su vida le hacían sufrir, pero también le ayudaban a aceptar la realidad cambiante, el principio de impermanencia, al mismo tiempo que desarrollaba su desapego a las cosas materiales, no así de las personas y otros seres vivos, en ese sendero se quedaría a medio camino.


Su gran sensibilidad y su enorme fuerza de voluntad le ayudaron a conectar, aunque solo fuera esporádicamente, con la Energía Universal. Una conexión que le ayudaría a entender que todos somos Uno, que además de estar hechos de la misma energía estamos conectados, como las gotas que se elevan del océano, cuerpos individuales, aunque formando parte del todo llamado océano, una comprensión intelectual que no sería suficiente para alejar su sentimiento de separatidad, de soledad, pues estaba más próximo a los seres inmateriales que a las personas que tenía a su alrededor.


Seducido por la vida, el mensaje y ejemplo de Jesús de Nazaret primero, luego por Siddhartha, más tarde por la de otros grandes Maestros Ascendidos, sufrió por el abandono de sus enseñanzas de los que se decían sus seguidores, por la manipulación del mensaje, por la utilización de sus figuras en provecho propio. Un sufrimiento que se amortiguó al aceptar que ninguno quería imponer sus enseñanzas, que cada uno tiene su propio camino, que aceptarse a uno mismo era el primer paso para mejorar, para ser capaz de escuchar al corazón y seguir la senda que creemos correcta, porque esa vía es la que nos permite crecer, aunque pensemos que nos equivocamos, que no avanzamos, nuestra actitud ante las dificultades es lo que nos hace elevarnos.


En el momento que ocurría algo era doloroso, incomprensible, pero las experiencias que vivía, las personas que conocía le iban aportando lo que necesitaba en cada momento. Mucho más tarde, en el momento justo, empezaría a comprender que todo había ocurrido por algo, para hacerle como era, para ayudarle en su plan para esta vida, eran pruebas para superar sus, supuestas, limitaciones.
A pesar de los continuos cambios de colegio no tuvo problemas en ninguno, ciertamente tampoco hizo amigos, pero nadie se metía con él, tenía un aura protectora que lo hacía invisible a los matones del colegio. No era su misión aprender a pelear, ni a defenderse, estaba en este mundo por otros motivos.


Inspirado en las películas y en los libros que leía, su imaginación creaba sus propios mundos, sus aventuras inventadas, aunque en ellas era el protagonista, el salvador de la chica y de los más desfavorecidos, se sentía más identificado con los personajes secundarios, el fiel amigo del protagonista que se sacrifica por el bien de todos, perdiendo lo más querido, incluso la vida, en el camino.


Y llegó la adolescencia, con sus complejos, sus cambios de humor, sus alteraciones hormonales, … El sufrimiento interno que experimentó condicionó su futuro, su objetivo sería ayudar a los adolescentes a transitar lo mejor posible por ese periodo tan convulso de sus vidas.


Sin embargo él no hizo las locuras que suelen hacer los jóvenes, como en su vida anterior, lo experimentaba todo en su interior, las frustraciones, la rabia, el amor y el desamor. Vivía para sus estudios y sus ensoñaciones. Tardaría mucho tiempo en aprender a luchar por sus sueños, luego empleó gran parte de su vida en comprender que lo que vivía era un sueño, que la vida debía experimentarla intensamente, aprendiendo, evolucionando, desarrollando lo mejor de sí mismo, cumpliendo su plan de vida. Pero eso sería casi al final, todavía le quedaba mucho por aprender.


Sin ser consciente, transmitía pasión por todo lo que hacía, equilibrio, calma,… Ayudaba a muchos de forma voluntaria e involuntaria, su forma de ser, su presencia tranquilizaba, sus puntos de vista ayudaban a los demás a reflexionar y encontrar los suyos propios.


Sus inseguridades y su temor por defraudar o dañar a los demás lo mantuvieron solo durante décadas, a pesar de haber encontrado a mujeres excepcionales, no supo o no pudo dar el paso necesario para iniciar un viaje en común.
El recuerdo y el amor por esas personas nunca lo abandonó. Pero no fue hasta que evolucionó lo suficiente para sentirse bien consigo mismo, el tiempo en que aceptó la soledad, que encontró pareja, una mujer sensible, muy especial, alguien que le aportaría varias cosas importantes, pero sobre todo, la que le ofreció nuevas oportunidades de aprendizajes, con frecuencia difíciles, pero necesarios en el camino que había elegido.
Por medio de ella llegó el ser que le haría experimentar un amor puro y profundo, como nunca había experimentado, un hijo que amaría incondicionalmente y que le haría disfrutar y avanzar extraordinariamente en su camino.


Cuando menos lo esperaba llegó el dolor, no solo el de su alma, por los seres queridos o por su soledad, también el dolor físico permanente, una experiencia inevitable para comprender tantas cosas, para prepararse para el siguiente cambio.


Aunque aún le faltaba una cosa, perdonarse, como expresión de amor, necesitaba perdonar, algo que siempre le había resultado fácil respecto a los demás, pero que nunca había ejercido sobre sus errores, le dolía y le avergonzaba cualquier cosa que hubiera causado, directa o indirectamente, daño a otro ser. Tampoco se perdonaba no haber sido capaz de amar más, de vivir más intensamente la vida.


Todo tiene su momento, todo llega en el momento justo. Cuando dejó que su amor se extendiera a todos, incluido él mismo, fue entonces cuando pudo perdonarse.


Parecía haber alcanzado parte de su objetivo, le quedaba mucho por mejorar de sí mismo, aunque veía difícil alcanzar ese objetivo en esta vida. Ya no se sentía útil, ya no se sentía necesario, pensaba que su misión había acabado.


Le llegó como una inspiración, tenía que hacer algo más, no sabía por qué, no entendía de qué podía servir a nadie, pero debía transmitir este mensaje, dar ejemplo en su partida.
Así lo hizo, de modo que organizó todo para que este escrito llegara a ti en el momento adecuado.


Vivió con amor, se marchó con amor. Este es el verdadero mensaje, todo lo escrito, todo lo dicho, los pensamientos, los sentimientos, absolutamente todo, son cosas secundarias, lo único importante es actuar con amor en cada momento, hacer realidad ese sentimiento, vivir desde el amor, en el amor, por todos.



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Negacionismo

Desde que la humanidad tuvo capacidad de razonamiento, las interpretaciones de la realidad se han ido sucediendo. Con las limitaciones propias de la evolución personal, de los avances tecnológicos y de la propia capacidad de raciocinio, los hechos se han explicado mediante mitos, religiones, diversas ideologías y, de forma más objetiva, mediante la ciencia.

Por supuesto, siempre es una apreciación parcial y subjetiva de la realidad, pero con la intención de alcanzar “la verdad”.

Hoy en día me parece apreciar que ese objetivo, ese procedimiento, se ha perdido por completo. Ahora un individuo tiene una ideología, una religión o unos mitos y “crea” su “realidad” a partir de ella. Para ello no reconoce como real cualquier hecho que vaya contra su ideología, no escucha ni acepta datos ni razonamientos, nada le sirve si va contra su “verdad”. De esta forma tenemos terraplanistas, negacionistas del cambio climático, negacionistas de la violencia machista, y un largo etcétera de manipuladores y predicadores de una “realidad” completamente falsa y dañina para los seres humanos y el planeta.

Intentar razonar con ellos es perder el tiempo. Pero tampoco se les puede dejar sembrar sus falacias, limitar la difusión de sus mentiras, no propagar sus ocurrencias ni en broma, ni para criticarlas, es la única defensa contra la involución del ser humano y la democracia.

Es fundamental favorecer la divulgación científica, conocer mejor nuestro mundo y nuestras limitaciones.

Es el momento de demostrar que somos homo sapiens sapiens, o nos extinguiremos como especie.

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Autoengaño

Se atribuye a Abraham Lincoln la frase: “Puedes engañar a todo el mundo algún tiempo. Puedes engañar a algunos todo el tiempo. Pero no puedes engañar a todo el mundo todo el tiempo”, creo que es una frase bastante acertada, pero las mentiras pueden durar más y afectar a más gente si tenemos en cuenta que muchos quieren ser engañados.

Parece increíble, ¿cómo va a querer nadie ser engañado?

Si lo pensamos bien, todos en algún momento hemos recurrido al autoengaño, “esto no me influye…”, “por una vez no pasa nada”, “yo controlo”, “en el fondo es lo mejor para él/ella”, “es que lo necesito, es imprescindible”, … Autoengaños para justificar nuestras acciones, para hacernos la vida más cómoda, más llevadera.

Del mismo modo, tenemos tendencia a creer lo que nos tranquiliza, lo que parece fácil, sencillo, claro, lo que coincide con nuestra forma de pensar.

Hay que ser muy valiente para reconocer que no se sabe de todo, que las cosas pueden ser muy complejas, que las recetas sencillas solo sirven alguna vez, que los otros pueden tener razón, que podemos estar equivocados,…

El miedo, la inseguridad y la ignorancia favorecen que busquemos soluciones rápidas y fáciles, que las cosas sean blancas o negras, sin matices, poner etiquetas que faciliten las cosas “esos son los malos”, “estos son los buenos”, “los inmigrantes nos quitan el trabajo”, “España nos roba”, …

Todo ello favorece el autoengaño y que estemos predispuestos a creernos muchas mentiras, por eso abundan tanto, por eso algunos políticos la usan como arma fundamental de su estrategia electoral (suelen estar siempre en campaña, nunca solucionan nada, solo buscan el poder).

Aún así, las mentiras son difíciles de mantener, por eso recurren a la repetición exhaustiva en distintas redes sociales y medios de comunicación. Y cuando no se puede mantener más se inventa otra mentira que haga olvidar la anterior.

Nos mienten y nos engañan porque ignoramos muchas cosas, por nuestra propia inseguridad, por miedo, por falta de raciocinio, pero sobre todo, porque estamos acostumbrados a autoengañarnos.

La cultura y la reflexión, la verdadera educación, son el camino para disminuir el autoengaño y las mentiras.

Nos jugamos la vida en ello.

 

 

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Prioridades

Con frecuencia estamos tan ocupados con lo urgente que olvidamos lo importante.

Muchos de nuestros problemas tienen su origen o se vuelven más complicados por no tener claras nuestras prioridades.

Obviamente, hay cuestiones que son muy personales, cada uno tiene sus necesidades, sus preferencias, por tanto tiene sus propias prioridades.

Pero estas preferencias personales también se olvidan con frecuencia, nos dejamos llevar por el ritmo frenético de la vida actual, nos dejamos llevar por nuestras obligaciones (reales o autoimpuestas), dejando en el olvido lo que más necesitamos, nuestras propias prioridades.

Algo similar ocurre al conjunto de la sociedad y a determinados grupos, se centran en cuestiones secundarias y olvidan lo importante.

En mi opinión es más importante lo representado (un pueblo, una nación, la gente) que el símbolo (banderas).

Creo que la economía está para proporcionar bienestar a las personas y no las personas al servicio de  la economía.

La naturaleza no es un lugar para obtener productos y beneficios, el medio ambiente es nuestro hogar, el lugar donde vivimos.

Estoy convencido que mucha gente olvida que la prioridad es cuidar el planeta, porque es nuestra casa, no es nuestra propiedad, somos usufructuarios del mismo. La prioridad es mantener las condiciones para que nosotros, las siguientes generaciones y todos los seres vivos puedan seguir habitándolo.

La máxima prioridad no es la riqueza, ni el bienestar, ni siquiera la alegría, la mayor prioridad es estar vivos, aceptándonos como somos e intentar potenciar lo mejor que tenemos. En otras palabras, el AMOR en el más amplio sentido de la palabra.