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Realidades imaginarias

El ser humano no puede percibir la realidad, sus sentidos reciben una serie de estímulos que el cerebro interpreta, recreando la realidad.

Esta limitación física para percibir la realidad está agravada por la psicología humana. Nuestras experiencias o interpretaciones de ellas, van creando unos patrones, unos marcos interpretativos en nuestra mente. De modo que nuestra limitada atención recibe alguna información del entorno, el resto lo crea nuestro cerebro, nuestra imaginación.

Según nuestro estado de ánimo y nuestra estructura mental vamos situando esas informaciones parciales en un conjunto, una construcción mental, que nos parezca lógica, realista. Aunque no tenga nada que ver con el mundo real.

Lo que imaginamos puede ser para nuestro cerebro tan real como el mundo que nos llega a través de los sentidos. Por ello podemos sufrir o disfrutar por lo que puede pasar o por la interpretaciones de los hechos, tanto o más que por los hechos en sí. También por ello es fácil engañar a alguien si conseguimos contar algo que encaje en su lógica, en su mundo imaginario, no tiene por qué tener nada de verdad, sólo que sea compatible con sus ideas y construcciones mentales, con la realidad imaginaria en la que vive.

Cada uno vive en su propio mundo, construido a partir de algunas experiencias y muchos condicionamientos culturales, familiares y personales.

A veces los hechos son tozudos y nos sacan de nuestro mundo, pero rápidamente volvemos a él. Reinterpretamos los hechos hasta encajarlos en nuestro patrón de pensamiento. Salvo que algo nos haga replantearnos nuestro mundo. Entonces podemos intentar cambiar nuestro patrón de pensamiento. Acercarnos más a la realidad, vivir más conscientemente.

En ese mundo imaginario desligado de la realidad o más próximo a ella, siempre necesitamos algo real a lo que agarrarnos, un amigo, la familia, …

El amor, siempre el amor, hacia todos, hacia uno mismo.

El amor es lo único que nos salva. Lo único real.

Ángel Miguel
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La avaricia rompe …

No, no rompe solo el saco, nos rompe a nosotros, a nuestro mundo construido de espaldas a la naturaleza.

La avaricia de unos pocos lleva a acumular más de lo que pueden consumir, gastar o despilfarrar. Esa avaricia causa importantes daños a muchas personas.

Pero más extendida y con consecuencias más funestas es la avaricia con la que tratamos a la Tierra.

Nuestro único e increíble planeta nos da todo lo que necesitamos para vivir, aire, agua, alimentos, inmensas montañas, extensos mares, belleza,…

Pero nosotros queremos más, nos hemos convencido a nosotros mismos que “necesitamos” multitud de cosas y cantidades ingentes de alimentos (que finalmente tiramos porque se estropean o porque engordan).

Tratamos nuestro planeta como si sus recursos fueran infinitos, como si pudieramos saquearlo sin consecuencias hasta el infinito y más allá.

No solo somos avariciosos, somos torpes egoistas que no sabemos disfrutar la vida. Mientras, nos empeñamos en destruir las maravillas de la naturaleza.

No todos somos así. Es nuestra única esperanza. Porque el planeta seguirá de una forma u otra, la naturaleza sigue su curso, pero nosotros dependemos de ella y no nos damos cuenta.

El planeta no nos exige nada. Nuestra supervivencia como especie, la necesidad de vivir con dignidad, nuestro futuro nos exige ser más respetuosos, agradecer y tratar adecuadamente nuestro entorno, nuestro hogar, al planeta Tierra.

No lo pienses, no le des a me gusta, actúa responsablemente, cuidando la naturaleza, tratando adecuadamente a nuestra casa: Gaia.

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Rendirse

Rendirse suele considerarse un fracaso, una derrota, algo negativo.

Puede que a veces lo sea, pero empiezo a creer que, en determinadas circunstancias, rendirse es aceptar la realidad.

La vida no es, no debería ser, una lucha. Por lo tanto rendirse no es renunciar a la vida, al contrario, es sumarse a ella.

La vida no es lucha, es aceptación y amor. La vida es fluir.

Al igual que un ave no vuela contra el viento, flota en él, lo aprovecha para dirigirse a donde le interesa, elige donde parar o donde desviarse. Del mismo modo nosotros deberíamos aprender a fluir, aprovechar la corriente de la vida, todo lo que nos trae, elegir entre las opciones que tenemos y disfrutar.

De poco sirve forzar las cosas. Nunca hay que forzar nada ni a nadie.

Sin empezar una guerra, sin lucha, pero con determinación, conducir nuestras vidas por los caminos que se nos presentan.

Siempre podemos elegir, después de aceptar la realidad.

Siempre deberíamos hacerlo desde el amor, sin esperar recibirlo, pues eso no está en nuestra mano.

Dar amor genera más amor, una energía que se extiende y te envuelve. Pero que solo puedes percibir si no te obcecas en sentirla de una determinada manera, de una persona en concreto. El amor es mucho más.

Rendirse no es renunciar.

Rendirse es aceptar, elegir conscientemente, dar amor, sin esperar nada.

A veces, solo algunas veces, rendirse es amar.

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Aprender

Creo que estamos en este mundo para aprender.

Gracias al cuerpo físico podemos experimentar múltiples y especiales sensaciones, mejor que en el más completo laboratorio. La Tierra es el lugar para experimentar más maravilloso del universo.

Otro aspecto fundamental en nuestro aprendizaje es interaccionar con otros seres, especialmente personas, sin olvidar los animales.

Tanto el mundo físico como las interacciones con otros individuos nos permiten aprender sobre nosostros mismos y mejorar. Sobre todo nos plantean retos, desafíos para “forzarnos” a avanzar en nuestro proceso.

Cada uno tiene sus propios retos, su propio curriculo adaptado para el aprendizaje en esta vida.

Aunque evolucionar y cambiar es difícil, las circunstancias nos obligan, se nos presentan una y otra vez situaciones parecidas para permitir afrontarlas de distinta manera, hasta que encontremos la forma correcta para nosotros.

A pesar de todo, en muchos problemas no dejamos de repetir las mismas soluciones, obteniendo similares resultados, no nos hacen avanzar pero nos entretienen, nos tienen ocupados, dándonos una falsa sensación de avance.

Mientras la vida sigue.

Podemos llegar a comprender conceptualmente muchas cosas, pero integrarlas en nuestro ser, hacerlas parte de nosotros es mucho más complicado, requiere de una gran fuerza de voluntad y de una tenacidad que no siempre tenemos.

Y a pesar de todo aprendemos, evolucionamos, avanzamos. Menos de lo que nos gustaría, más de lo que creemos.

No dejarnos llevar por las apariencias, por lo fácil, por las modas. Buscar la esencia de las cosas, nuestra verdadera esencia. Y amar, de verdad, un amor que incluye a todos los seres, aunque a algunos haya que mantenerlos a distancia mientras evolucionan. Estos son nuestros retos. Estos son nuestros aprendizajes.

 

 

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El día de la paz

El 30 de enero es el día de la paz y la no violencia, efeméride que se celebra en multitud de colegios e institutos. Palomas de la paz, grullas, mariposas, bellos poemas, murales, canciones, frases, teatros,… Toda la imaginación puesta al servicio de la celebración de un día.

Sin embargo, ese mismo día la envidia y el resentimiento se muestran con críticas a la forma de hacer las cosas, en los juicios de valor sobre todos y cada uno de los actos, en la condena del afligido que busca consuelo en el hombro de un compañero, etc.

Pocos se acuerdan de la compasión, la humildad, la generosidad, la bondad, el amor al prójimo, …

Muchos, demasiados, se centran en el rencor, las comparaciones, la envidia, el miedo, el odio, …

Cada día es el día de la paz, cada día desaprovechamos la oportunidad mostrando la rabia, la furia, el enojo, el odio,…

Si realmente queremos la paz, basta ya de juicios, de envidia, de comparaciones, de odio, … Es el momento de intentar que cada uno de nuestros pensamientos, nuestras palabras y nuestros actos muestren compasión, empatía, humildad, generosidad, bondad, amor.

Hoy es el día para demostrarlo.

Hazlo

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Año pasado, año nuevo

A finales de año eran numerosos los comentarios negativos sobre el año 2020, deseando que finalizara, lamentando los sucesos ocurridos en ese tiempo.

Olvidan, olvidamos, que no es el año, somos nosotros los que tenemos que terminar, cambiar el modo de ver y relacionarnos con el mundo.

A pesar del dolor y el sufrimiento experimentado, ha sido un año importante, una parte fundamental de nuestra vida, una oportunidad de aprender, de cambiar.

Parece que muchos no han aprendido, no han cambiado, por tanto el año nuevo continua igual. Algo lógico, porque no son los años o los números, somos nosotros, nuestra forma de vivir los problemas, las dificultades, la vida, lo que debe cambiar.

Cada año, cada día, lo califiquemos como “bueno” o “malo” es un tiempo de vida, un periodo importante para nosotros, pues cada instante de vida es único, de nosotros depende cómo lo vivimos, no podemos controlar lo que ocurre, pero sí como lo vivimos.

Da igual 2020, 2021, 2022 o 1999 ¿cuál es tu intención en cada acción, en cada pensamiento, en cada palabra? Vivir lo que nos venga con la intención de mejorar el planeta, la humanidad, a nosotros mismos, esa es la clave.

Tienes un tiempo sobre este planeta, un tiempo desconocido para ti, eres libre para decidir cómo vivirlo.

Mi deseo es vivirlo para aprender, para disfrutar, para ser mejor persona, más alegre, más bondadoso, compasivo, respetuoso, generoso, …

Mi intención en esta vida es ser amor, dar amor, vivir en el amor.

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El futuro

Siempre estamos preocupados por el futuro, aunque en algunas fechas le dedicamos más tiempo, más energía, por ejemplo a final o principios de añs, siempre pensamos y expresamos nuestros deseos para el año nuevo; también intentamos conocer que nos puede deparar el nuevo año, incontables predicciones aparecen por todos lados, pero se nos olvida que el futuro no está escrito.

El futuro lo creamos nosotros, individual y colectivamente, nuestros pensamientos, nuestros deseos y, sobre todo, nuestras acciones van generando nuestro futuro.

Por tanto, deberíamos dedicar nuestros pensamientos, nuestra energía, nuestras acciones, al presente, para generar un futuro mejor.

El consumismo sin límite, la explotación despiadada de los recursos naturales no generan un futuro apetecible para la mayoría de la humanidad.

Todavía podemos cambiar el futuro, nuestras acciones, nuestra concienciación puede salvar el planeta.

Pero no olvidemos que hay un punto de no retorno, en todo proceso hay un momento que se desencadenan una serie de consecuencias inexorablemente.

Es una tarea individual y colectiva, no hay escusas, cada uno debe poner de su parte, poner su intención, su energía, sus acciones para generar un futuro mejor.

El futuro no está escrito, lo estás escribiendo ahora mismo, ¿qué quieres para ese futuro? Actúa en consecuencia.

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Mensaje de amor

La navidad es amor.

Da igual que creas o no, da igual cuales sean tus ideas, es una oportunidad para expresar el amor.

Por esa necesidad de expresar amor hemos hecho regalos, por el mismo motivo nos reunimos, por idéntico motivo iluminamos las calles para ver y alegrar a los que queremos y compartimos la comida, nuestro tiempo.

A veces las condiciones cambian, entonces la mejor forma de expresar amor puede ser dar el mejor regalo: la salud. Mantener la distancia, con el mismo amor, la misma alegría, pero separados.

Se puede iluminar y dar alegría con nuestra mirada, a cierta distancia, pero llena de amor.

No eran las fiestas, no eran los regalos, ni las luces, ni la comida, ni la bebida, ni la música, ni siquiera el nacimiento de Jesús o el solsticio de invierno. No la navidad, como la vida, es amor.

Avanzar como seres humanos supone ser capaz de dar amor de diferentes maneras, a todos los seres, cada uno de forma diferente.

La navidad es amor.

La vida es amor.

by Ángel Miguel

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El cubierto

(Un relato de mi último libro ¡Es para ti!)

Aunque algunos me consideren agresivo mis púas no son para atacar, no pincho ni corto como el cuchillo, solo en las situaciones más extremas podría ser utilizado como arma.

A pesar de que muchos me consideran poco despierto, pues dejo escapar muchas cosas, no soy torpe, soy tan sutil que dejo las cosas fluir y siempre cumplo mi función a la perfección, dejo pasar lo que no es para mí, reconozco mis funciones y mis limitaciones. Soy, ni más ni menos, que un tenedor de mesa; pueden considerarme un simple cubierto, pero soy mucho más que eso. Sin entrar en viejas leyendas de tenedores usados para excavar y conseguir huidas míticas o aquellos que fueron usados como arma defensiva en situaciones difíciles, mi tarea es esencial, no solo evito que se manchen las manos de los comensales, también los protejo de los gérmenes que podrían pasar de sus extremidades a los alimentos.

Por otra parte, no puedo dejar de ser quien soy, al contrario de los que me utilizan yo no me cuestiono mi esencia, soy lo que soy, no quiero ser otra cosa; tampoco pierdo el tiempo en descubrir la finalidad de mi vida, que no es más que ser útil a los humanos; ni me cuestiono sobre mi origen, claramente metálico; por supuesto no hago cábalas sobre mi futuro, ni siquiera cuando deje de ser útil y sea desechado, sé que de alguna forma volveré a ser imprescindible, puede que vuelvan a fundirme para hacer otro instrumento o que pase a formar parte de un ente mayor, de una gran construcción o estructura; incluso en la basura me descompondré lentamente permitiendo que una parte de mí vuelva a usarse, por las plantas, por otros seres vivos o retornando a mis orígenes, a la tierra de la que surgí.

Quizás sea un simple cubierto, pero tengo las cosas más claras que la mayoría de los humanos, esos seres que se creen superiores y me utilizan sin prestarme atención, incluso con desprecio. Al contrario que ellos, no pierdo mi vida en disquisiciones inútiles, no me evado con vidas imaginarias o soñadas, no sufro con lo que todavía no ha pasado, no envidio a los demás, pues cada uno cumplimos nuestra función, conscientes de que todos somos necesarios, durante un tiempo.

Esa es la clave, tenemos una existencia, una utilidad, durante un tiempo, pues todo cambia, es la naturaleza del universo. Ese tiempo es todo lo que tenemos, lo más importante en nuestra existencia.

 Todo en el universo tiene un por qué, también tiene un cuándo, un tiempo, un principio y un fin, lo fundamental es lo que hacemos durante ese tiempo que se nos ha dado, no perderlo mientras nos empeñamos en ser cuchara, cuchillo o plato, si somos tenedor debemos serlo plenamente y con todas las consecuencias, todo el tiempo que nos sea concedido, ni más, ni menos.

Podría pinchar a muchos, herir, matar, pero no es mi naturaleza. El que me use puede decidir qué hacer conmigo, pero eso no cambia mi sentido, mi función, soy un exponente de la capacidad humana para progresar, una herramienta práctica, sencilla, útil, que puede transformarse en muchas cosas distintas, en función de quien me maneje.

Haga lo que haga soy un cubierto, un tenedor, humilde servidor, pero temible y orgulloso de serlo. Protejo a quien me utiliza sin juzgarlo, aunque  valoro la delicadeza en el trato y el respeto que algunos me tienen. Agradezco lo que tengo y lo que soy, reconociendo que son la misma cosa, no tengo nada más que a mí mismo.

Me ensucio, pero tarde o temprano recupero mi estado anterior, nunca exactamente igual, lo mismo que pasa con cualquier experiencia humana. El cambio es la ley universal.

https://www.amazon.es/para-%C3%81ngel-Miguel-Berm%C3%BAdez-Hern%C3%A1ndez/dp/B08JB1XH3S/ref=pd_rhf_se_p_img_1?_encoding=UTF8&psc=1&refRID=S1Q6W1FV94Q5AZDDDHFP
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Mi tiempo

El tiempo es algo tremendamente relativo, sin embargo solamente hay un tiempo, el ahora. Solo podemos vivir en el presente.

Sin embargo, el pasado nos condiciona, es inevitable, pero no podemos quedarnos anclados en él, hay que recordarlo, comprenderlo, perdonar, perdonarse y dejarlo atrás con amor.

Por otro lado tenemos la tentación de posponer la vida, recrearnos en un futuro deseado, esperar el fin de semana siguiente, las próximas vacaciones, cuando llegue a tal edad, o nos centramos en nuestros temores de futuro, y si tengo un accidente, y si tengo tal enfermedad, y si contraigo COVID, y si …. Da igual, nos centramos en una entelequia y nos olvidamos de vivir.

Estar preparados ante lo que pueda venir es importante, cultivar nuestras habilidades, cuidar nuestro cuerpo, nuestros sentimientos, nuestra alma, es fundamental ahora y en el futuro. Pero sin olvidar el presente, nos preparamos para el futuro en el ahora, con consciencia, con amor, con fe, sin miedo.

Mi tiempo en esta vida es el que es, ni más ni menos, probablemente me quede menos por delante de lo que ya he vivido. Pero lo que me quede no quiero emplearlo recibiendo la negatividad, el miedo de los otros, tampoco el mío, no quisiera asumir cargas que no son mías, prefiero emplear mi tiempo en ser honesto, en ser consciente de mis limitaciones y mis potencialidades, en seguir siendo una buena persona sin que abusen de ello.

Hay muchas cosas en las que emplear mi tiempo, puedo ayudar a otros, cuidar el planeta y muchas cosas más, pero, al final, será mi vida, intentando vivirla desde el amor.